Final de viaje para un buscador

Uppaluri Gopala Krishnamurti (India 1918-Italia 2007)

Muchos emprendieron su búsqueda de la mano del cristianismo, luego cambiaron por rebote al budismo y al hinduismo y al taoismo, algunos se pasaron al sufismo pues el sufismo es como la mística cristiana sólo que te disfrazas exteriormente de otra manera; otros venían del yoga y de la meditación, otros andaban con la metafísica y la psicología transpersonal, otros partían del eneagrama y de la contemplación, muchos se pasaron más tarde a esta moda del silencio y a los distintos autores neo advaita; y de golpe algunos nos topamos con UG Krishnamurti (no confundir con Jiddu Krishnamurti) y vimos que la búsqueda espiritual llegaba a su fin, por eso más de uno se reconocerá en este relato sencillo y directo de Roque Torres Moreira.

Cuando comencé a leer a UG Krishnamurti (nadie antes me había hablado de este hombre) me sentía como si las palabras que aparecen en sus libros fuesen guadañas que segaban sin contemplaciones todos los hierbajos nacidos después de tantos años de lecturas espirituales, toda la monserga espiritualista quedó pulverizada sin que pudiera hacer nada por remediarlo. Que conste que en más de un tema no pienso igual que UG, pero aún pensando diferente he de reconocer el tremendo impacto de sus palabras, sin duda la lectura más potente en cincuenta años que lleva uno ya como lector. 

El buscador espiritual pretende hallar un hogar en el que vivir tranquilo junto a las estampas de sus santos preferidos y junto a la autoridad del gurú que está ahí como si fuese el padre que le va guiando. De ninguna manera el buscador espiritual quiere desilusionarse ya que vive en una ilusión permanente, esa ilusión es la esperanza en un futuro que le mantendrá seguro y a salvo de todo mal. Pero después del encuentro con UG todos los refugios donde la espiritualidad se escondía ya no sirven. La mente, que se había inventado maestros y retiros artificiosos para buscar a Dios, saltó por los aires. No queda tierra ya bajo los pies. Algo ha estallado dentro y ya no hay nada ni nadie que lo puedan detener, sin duda es el final del viaje para un buscador. A partir de ahí parecería que la vida se ha vuelto fea e inestable, pues no, todo lo contrario, a partir de ahí la vida se ha vuelto más sencilla, más directa y mucho más verdadera.








Días de fútbol...y de algo más



Días de fútbol y días para acentuar el control sobre las masas. La combinación fútbol-televisor es sin duda el somnífero más potente que hay, no estoy diciendo que dormir sea malo, dormir no es ni bueno ni malo, dormir es simplemente dormir, pero puede ocurrir que mientras estás dormitando con la droga futbolera te cuelen algo que no te gusta, claro que enterarse de algunas cosas no es tan fácil. 

Mientras el somnífero del fútbol hace su efecto en las tardes de junio y julio, los demonios que llevan las agencias de publicidad de las grandes marcas inventan imágenes para extender su satanismo. El satanismo no consiste solamente en adorar a una figura que supuestamente lleva a los humanos a la perdición, el satanismo es sobretodo una sofisticada técnica de control mental, esa técnica consiste en crear escenarios simbólicos donde mostrar su poder y su perversión, en esa simbología te dicen quién manda, es curioso ver cómo siempre necesitan dejar huella de sus andanzas, quizás su profunda osadía y su ignorancia les lleven a ello. El mayor disfrute para estos locos es colocar milimétricamente la simbología sin que te enteres. Hace ya un montón de años que me di cuenta que la publicidad es un altar donde continuamente se adora a Satanás.

Estos días está apareciendo en los periódicos la imagen que encabeza este apunte, se trata del anuncio de un aire acondicionado de la marca Mitsubishi, y lo dice bien claro: “Puedes contar”, y si sabes contar contarás 66. ¿Dónde tiene metida la cabeza el que lleva a hombros al niño? Fijáos que no se ve nada de la supuesta cabeza de ese hombre, la tiene metida por entero en el cuerpo del niño. ¿Satanismo y pedofilia a la vez? Responde tú mismo que yo me quedo sin palabras; a veces me gustaría no ver estas cosas, pero las veo. Llama la atención que el número 6 en la selección española lo lleva Andrés Iniesta, todo un icono de fútbol mundial; le cuesta mucho a Iniesta hablar, es como si tuviera miedo, igual ha conocido de cerca a estos demonios dominadores, es como si le hubieran robado la palabra; otra cosa que le pasa a Iniesta es que le cuesta reírse, si no sabes reírte tienes que aprender rápido porque reírte es casi lo más importante que puedes hacer en la vida. 

Estos demonios dejan siempre la marca en la publicidad que hacen porque piensan que les funciona, pero eso no es más que superstición, todo el simbolismo que manejan no es más que ignorancia, están completamente perdidos igual que lo estamos todos, sólo que ellos hacen como si no lo estuvieran, estos demonios ni dominan la realidad ni tienen idea de lo que están haciendo, su miedo les empuja a la acción, pero es que la acción es en la mayoría de los casos una huida hacia ninguna parte.










Descartes descartado


Muchas veces damos por hecho frases que han marcado nuestra vida, hasta que un día las vemos con calma y en ese instante caen desmoronadas, y puede que no haya mejor ejemplo que esa rotunda sentencia de René Descartes que va a quedar desbaratada en un abrir y cerrar de ojos. Dice Descartes: “Pienso, luego existo”. Pero vamos a ver señor Descartes, es que yo no genero los pensamientos, yo solamente los sintonizo, los pensamientos vienen a mí, no nacen en mi cabeza, eso quiere decir que yo no pienso, por lo tanto no existo, o por lo menos no tengo forma de demostrar que existo; no hay un 'yo' que piense, no hay un 'yo' que haga nada, no hay espacio interior para que un 'yo' se dé, todos los pensamientos están en el ambiente y nosotros los captamos exactamente igual que respiramos el aire que está en la atmósfera; no pensamos los pensamientos, solamente los sintonizamos con esa antena a la que llamamos cerebro. El cerebro no crea nunca nada, el cerebro es tan sólo un receptáculo en el que se van alojando las cosas. No hay nadie que tenga ni una sola idea propia. No hay forma de justificar nuestra existencia, de hecho nadie sabe si está vivo o si está muerto, no hay forma humana de saberlo, cualquier teorema que inventemos para dar coherencia a todo esto sólo conseguirá inflar más el globo, así que tu frasecita querido Descartes está más que desmontada, por lo menos para mí. Y así con muchísimas cosas, tan sólo es necesaria una pequeña pausa para caer en la cuenta. Sí que te diría una cosa Descartes, además lo que te voy a decir da por completo la vuelta a tu famosa sentencia: "Existo, sobretodo si no pienso". Un médico me dirá que existo porque tengo latido cardíaco y onda cerebral, pero esa digamos que es la 'existencia funcional' del cuerpo, sin embargo el 'yo' que piensa que existe es el que en realidad no existe, no hay un 'yo' que pueda justificar ninguna existencia individual y particular, no hay un 'yo' que pueda decir que es portavoz de nada, el 'yo' no puede justificar que existe porque el 'yo' no puede situarse en un aparte de la vida, dentro del robot que somos no hay ningún yo, el 'yo' nunca sabrá que vive porque no puede observarse a sí mismo desde fuera viviendo, la vida es un movimiento unitario que no admite apéndices mentales o psicológicos como esa cosa a la que llamamos 'yo', el observador es lo observado, uno no puede separarse de lo que ve, tú y yo sencillamente no podemos saber si existimos, no tenemos ninguna herramienta que lo posibilite. ¿Habéis oído alguna vez a un perro decir 'pienso luego existo'? Un perro no puede decir eso porque un perro no tiene construído el artefacto del 'yo', ese artefacto le iría dando la tabarra todo el día como nos pasa a nosotros.

Es preciso negarlo todo. Negarlo todo es la tarea del hombre, pero no negar por negar para ser un negacionista recalcitrante, negarlo todo es no dar por hecho lo que nos ha llegado ‘empaquetado’ a través de la tradición. A menudo estamos tan obsesionados con sacar algo al que tenemos delante que olvidamos que la verdadera tarea es rechazar toda la basura mental que a diario nos ofrecen.

Un verdadero individuo es el que habiéndolo negado todo se ha quedado ya sin nada, pero no porque encuentre un placer escondido en quedarse sin nada, ocurre que el que va tras la senda de la coherencia total, tarde o temprano se quedará sin nada, se quedará sin ninguna teoría y sin ninguna cantinela con la que seguir enredándose a sí mismo y a los demás. Un verdadero individuo no es un triste ni un pesimista ni un apocalíptico, tampoco es un renegado ni un amargado; un verdadero individuo no destruye nada, un verdadero individuo no es ni siquiera un rebelde pues el rebelde es en realidad uno que se disfraza de esa manera porque espera conseguir algo a cambio, un verdadero individuo no quiere nada de nadie, un verdadero individuo no pretende hacer ninguna revolución porque sabe que una revolución no es más que destrucción. Un verdadero individuo no te promete nada hablándote del futuro pues sabe ya de sobra que el futuro está siempre fuera de nuestro alcance. Un verdadero individuo sabe que no hay ninguna permanencia en nada y que pretender la permanencia va contra la esencia misma de la vida.







Nadie puede ofrecer ninguna respuesta original



Toda la información que recibe el ser humano viene de fuera, por eso se puede decir que somos únicamente memoria, somos memoria mecanizada y automatizada. Eso que viene de fuera serían los programas que se han cargado en el computador que somos, pero esto la mente no quiere oírlo porque su estatus quedaría por los suelos, y es que la mente sufre esa extraña enfermedad que consiste en creerse 'autora' de todo lo que pasa. 

No hace mucho una persona me preguntó, ¿crees que algún día podremos disponer de una máquina para regresar al pasado? Ya disponemos de ella, esa máquina es la mente pues la mente está operando siempre en el pasado, y si hubiera una máquina para ir al futuro sería exactamente igual que la de ir al pasado, y es que todo futuro es pasado, al futuro iríamos tan sólo para revisar el pasado, iríamos para saber qué pasó con fulanito, cómo se resolvió finalmente aquella relación, en qué año murió menganito, en realidad al futuro iríamos a cotillear pues cotillear es lo único que podemos hacer ya que en esencia nadie decide nada.

La mente es un instrumento que recoge todo lo que le llega, lo mismo recoge lo más antiguo, es decir la memoria ancestral de la humanidad, que lo más reciente como puede ser lo último que viste en la televisión ayer antes de irte a la cama. La mente no hace más que sacar fuera lo que previamente le han metido. La mente es idéntica a un ordenador, ese ordenador trabaja siempre en automático pues sólo reproduce los datos que le han puesto dentro, por eso no hay nadie que tenga nunca una respuesta original, de hecho todo lo que hablamos y todo lo que pensamos lo hemos recogido de otras fuentes, otra cosa es cómo vamos combinando eso que hemos ido recogiendo y cómo lo presentamos ‘en sociedad’, pero dando siempre por hecho que no hay nada que provenga de nosotros, por eso no hay nadie con una respuesta propia, no hay nadie nunca con un discurso verdaderamente original. Pensamos que hay gente que tiene respuestas propias pero eso es porque les hemos otorgado un poder o una prestigio determinados. 

Nos cuesta mucho a los humanos reconocer que nunca nadie puede ofrecer una respuesta original, nos cuesta mucho reconocerlo porque siempre nos han dicho que somos mucho más de lo que somos, la historia de la humanidad es el intento continuado por parte de la mente de intentar ser más de lo que es. Un ordenador trabaja siempre en automático, la mente trabaja también de esa manera, es decir que trabaja en relación a los datos que ha ido acumulando, por eso nadie puede hablar de nada que no le haya sido puesto dentro. 

No hacemos más que repetir lo que otros han dicho, esa es la verdadera historia del ser humano, de ahí el extraordinario éxito de las redes sociales pues éstas se basan en la pura repetición de contenidos. 

La mente no hace otra cosa que responder a las situaciones de forma mecánica, la respuesta o las respuestas están directamente relacionadas con los programas que hayan sido cargados en ese cerebro. El cerebro busca respuestas en automático, pero no hay nadie dentro que dirija esas respuestas. 

Me hace gracia cuando escucho decir a los científicos que en el futuro habrá ordenadores que tendrán ‘las mismas prestaciones’ que el cerebro humano, cuando el cerebro humano no es otra cosa que un ordenador, un ordenador que va incrustado en un robot de carne y hueso que somos nosotros, y encima el robot se cree muy importante, sin duda otro fallo más 'de programación'. 

Para el humano es muy fácil trabajar con ordenadores porque nosotros mismos somos un ordenador, eso que se dice ahora de que los jóvenes actuales vienen ya preparados para manejar la informática… eso es así porque cada vez se ve con más claridad que somos un robot que funciona con bases programadas, en los jóvenes de ahora es muy evidente. ¿Y antes por qué no era tan evidente? No era tan evidente porque el ordenador que somos estaba 'camuflado' debido a la apariencia antigua que arrastrábamos, antes los pensamientos iban más lentos y no eran tan refinados, ahora los pensamientos se han vuelto muy veloces y son mucho más refinados, por eso ahora es tan difícil hablar de algo con alguien que se sienta medianamente instruido, es tan difícil hablar porque creer que se sabe algo es el mayor de los obstáculos. 

Quien capte el mensaje de fondo de este apunte rápidamente lo llevará al terreno práctico, cuando por ejemplo os enfadéis con una persona porque ha tomado una determinada decisión, veréis que tomó esa decisión en automático, es decir que la tomó en base a los programas que tenía dentro, vamos que no podía hacer algo distinto a lo que hizo, no tenía otra escapatoria que 'decidir' eso que decidió, nadie puede dejar de hacer lo que hace, estamos abocados a hacer lo que hacemos porque la programación que llevamos dentro nos lleva inviariablemente a eso; y yendo un poco más allá veréis que en ese robot al que llamáis persona…¡¡¡No hay nadie dentro!!! Cuando te enfadas con alguien en realidad te estás enfadando con nadie. ¿Lo vas entendiendo? Suelta una sonora carcajada cuando sigas oyendo decir que tenemos libre albedrío.

Es muy posible que estemos atravesados por una energía inteligente completamente impersonal, el secreto de esa energía es que no puede ser poseída por nadie.

Me resulta muy curioso cuando algún psicólogo se quiere poner a descifrar a través del lenguaje gestual qué fue lo que al paciente que tiene delante le pudo marcar en su infancia, cuando el psicólogo le dice al paciente que ese gesto que ha hecho quiere decir no sé qué cosa, en realidad no le está sacando de la ignorancia, le está sumiendo en una ignorancia mucho mayor, después de esa sesión el paciente se irá a su casa completamente ignorante, e ignorante se quedará el psicólogo por más que crea que desvela los misterios y por más que crea que sabe. Nadie sabemos nada. Todos somos unos perfectos analfabetos. Como nadie tiene el coraje de enfrentarse al hecho de que no sabemos nada, todos son invenciones para seguir viviendo, inventamos cuentos, inventamos comedias y tragedias, inventamos santos, inventamos cielos en el más allá, inventamos que somos no sé qué cosa, inventamos que podemos sanar a otros y a sus familias, inventamos que rezando podemos sacar a las almas del infierno, inventamos incluso que es posible mirar la vida sin el condicionamiento. Inventamos la de Dios, inventamos a Dios, inventamos sin darnos cuenta de que se trata de puras y simples invenciones; inventamos porque la vida nos da un miedo aterrador, todos los miedos se centran en el pánico que le tenemos a la muerte física, en realidad tenemos miedo de algo que no existe más que en nuestra imaginación pues la muerte es algo que la mente imagina, y es que el cuerpo no sabe que va a morir, es la mente la que imagina no sé qué cosas con la muerte, sin embargo el cuerpo sigue bombeando sangre porque esa es su tarea. El cuerpo no tiene ningún problema con la muerte, es nuestra mente la que se llena de miedos "imaginarios".




La foto de este apunte corresponde a un fotograma de "2001 una odisea en el espacio" de Stanley Kubrick, una imagen muy aproximada de lo que seguramente somos, es decir ese robot-astronauta con apariencia biológica que navega a través de una celda programada o cuando menos pre programada. Una amiga explica muy bien esta misma idea y además lo hace con mucho humor. Me ha dicho esta amiga en más de una ocasión: "Háblame ahora que estoy dentro de los cuatro días buenos de cada mes", se refiere a que el día 28 viene invariablemente la regla, ahí hay ya varios días de incomodidad física y también psicológica, a los pocos días viene el ciclo pre ovulatorio, luego viene la ovulación y a los pocos días la pre menstruación y vuelta de nuevo con la menstruación, total que efectivamente quedan tan sólo cuatro días libres, y eso siendo muy optimistas. Y en el hombre pasa exactamente lo mismo, sólo que es menos aparente. ¿Y todavía te atreves a asegurar que eres libre? Parece muy claro que la única libertad es la de ver que no hay libertad por ninguna parte.





Algún ejemplo de cómo la mente desbarata al cuerpo



La mente y el cuerpo viven completamente separados, los dos forman un dúo irreconciliable, intentar juntarlos es como querer juntar el agua y el aceite.

Antes de nada conviene aclarar que la mente no es el cerebro, el cerebro es un órgano más del cuerpo. ¿Qué es entonces la mente? La mente es un ‘software’ que parece que se ha dado a sí mismo la tarea de controlar a la vida, pero es que la vida no se puede controlar, el intento por controlar la vida es un espejismo delirante de ese mecanismo llamado mente.

Este primer ejemplo de cómo la mente desarbola al cuerpo nació después de visitar con mi anciano padre a su médico de cabecera, como tuvimos que esperar hora y media para que nos recibiera, tomé papel y boli y me puse a escribir, salió de un tirón y sin ninguna tachadura: 

La mente quiere quitarse los miedos, se los quiere quitar porque ahora está muy de moda quitárselos, casi diríamos "arrancárselos", y se los quiere quitar o arrancar también porque forma parte de la pantomima espiritual y novelística de hoy día en la que todo el mundo repite hasta la saciedad que no se puede vivir con miedo, incluso hay algunos que dicen que curan y sanan el miedo de otros, algo que ya sabemos que es imposible. A ver si nos enteramos de una vez que no se puede vivir sin miedo. El que lea con atención estas líneas lo comprenderá. El cuerpo necesita del miedo para su supervivencia, el cuerpo ni sabe ni puede vivir sin miedo porque sin miedo su propia supervivencia quedaría comprometida, si el cuerpo elimina el miedo ancestral no sabrá cómo responder por ejemplo al pisar una serpiente, y es que al pisar una serpiente el cuerpo tiene que dar un salto para escapar corriendo. Es decir que por un lado la mente quiere quitarse los miedos, pero por otro el cuerpo ni puede ni quiere quitárselos porque son básicos para su supervivencia. Sin el miedo el cuerpo desaparecería. En el plano corporal siempre estamos bajo el influjo de esos miedos biológicos ancestrales completamente necesarios, sin embargo en el plano mental está la fantasía de la mente que imagina que se está desprendiendo de unos miedos de los que no se puede desprender porque son totalmente necesarios para la biología que nos constituye. Así que lo mejor que se puede hacer es dejar al miedo en paz. Deja al miedo tranquilo y vivirás tranquilo tú también. No teorices sobre el miedo porque esas teorías sobre el miedo no son más que elucubraciones mentales y pasatiempos culturales que no van a ninguna parte. 

Este otro ejemplo nació después de saber que un famoso maratoniano español había muerto por correr no sé cuántas maratones, por cierto que ese hombre era conocido de un amigo mío: 

Un corredor de maratones presume ante sus amigos de que cada nuevo maratón que corre (y ya ha corrido muchos) rebaja su propia marca personal, cada vez lo hace en menos tiempo, sus gestas salen ya en los periódicos, hay marcas deportivas que se lo están rifando para que ponga su logotipo en la camiseta, sin embargo a su cuerpo no le interesan nada esos records personales que va estableciendo; es decir que por un lado la mente intenta por todos los medios rebajar los tiempos para presumir y ganar estatus, pero por otro lado su cuerpo quiere mantener las funciones corporales básicas sin correr riesgos de ningún tipo. Resultado: un día este hombre se desmaya corriendo, sin embargo se recupera pronto y decide no hacer caso, a los pocos días muere en plena carrera. ¿A qué se debió su muerte? Pues casi seguro que la causa fue que la mente estaba dislocando y extorsionando al cuerpo, y el cuerpo no hizo otra cosa que cortar en seco toda esa fantasía que consistía en presumir delante de sus amigos de los records que iba batiendo. 

Este último ejemplo es el más sencillo y también el más delicado, lo escribí hace ya tiempo, está dedicado a todos los hombres y mujeres que aún meditan: 

El cuerpo es llevado por la mente a meditar, el cuerpo no necesita meditar pues el cuerpo no sabe de esas cosas; la mente obliga al cuerpo a tomar una postura física determinada para llevar a cabo esa meditación, postura que el cuerpo odia pero que no tiene otro remedio que aceptar, y es que la mente piensa que colocando al cuerpo en una determinada postura, o quizás obligándole a guardar silencio durante horas o días, podrá dar caza a esa cosa llamada Dios, cuando eso no es más que una fantasía inventada por la propia mente. La meditación rompe por lo general el equilibrio natural del cuerpo ya que la meditación no deja de ser una extravagancia que nos ha llegado a través de la cultura y de las tradiciones, la meditación es una consecuencia de haber aceptado sin rechistar a la autoridad religiosa. A través de la meditación se intenta controlar los pensamientos, algo imposible de conseguir. He visto durante muchos años a infinidad de cuerpos torturados a causa de la meditación, y he visto también que la idea que se persigue al meditar no es otra que la de alcanzar la iluminación, una idea obsesiva y dañina que pervierte todo lo que toca.

Vamos ya concluyendo, aunque en realidad no hay nada que concluir: 

Cualquier cosa que hacemos es producto del pensamiento, pero es que el cuerpo en su esencia no es pensamiento, el cuerpo es pura funcionalidad, la funcionalidad es vida que no se cuestiona nunca a sí misma ya que no tiene nada que cuestionar, no tiene nada que cuestionarse; cuando ya no hay preguntas las respuestas también sobran. 

Las vibraciones físicas que el cuerpo recibe pueden ser más intensas o menos intensas, sin embargo es muy curioso ver qué son para la mente esas vibraciones, y es que esas vibraciones son catalogadas por la mente como “buenas” o “malas”, “positivas” o “negativas”, es decir que el cuerpo no hace ninguna valoración, sin embargo para la mente todo son valoraciones de tipo moral, sentimental, etc. 

El cuerpo no necesita sacar ningún provecho de ninguna situación, sin embargo la mente lo que busca es sacar partido de todas las situaciones. Por regla general todo lo que plantea la mente es destructivo para el cuerpo. 

El cuerpo se ocupa perfectamente de sí mismo, y se ocupa de sí mismo al margen de lo que la mente opine. Esa es la guerra de la vida, ése es y no otro el verdadero campo de batalla.










Los verdaderos ateos




-Raul, ¿tú crees en Dios? 

-De entrada no te voy responder sí o no, dame la oportunidad de decir algo más ya que el sí o el no es para hacerme una foto y crear con esa foto un titular en tu cabeza. 

-¿Un titular en mi cabeza? 

- Sí, en realidad buscas una respuesta para encuadrarme dentro de una categoría. 

-¿Qué categoría? 

-Pues ver si soy creyente o no creyente. 

-¿Tan difícil es que me digas sí o no? 

-Sé que te gustaría, pero no te lo voy a decir. Escucha esto: los verdaderos ateos son los creyentes. 

-¿Cómo? 

-Los auténticos ateos son los creyentes ya que éstos creen en un Dios en el que es imposible creer, no se puede creer en ese Dios que no es más que una colección de historias tejidas por la tradición, es decir una colección de fabulaciones inventadas. 

-¿Y si en el Dios que alguien cree no es el Dios de la tradición? 

-Da lo mismo, creerá en alguna clase de concepto que se ajusta a la idea que se ha hecho de Dios. La creencia es siempre creencia, venga de donde venga. Y no me digas por favor eso de “es que tiene que haber algo”, no me lo digas. 

-¿Te gusta entonces el “si Dios quiere”? 

-Dios no quiere nada, somos nosotros los que nos inventamos que quiere algo. 

-Ufffffffff… 

-Llamamos Dios a cualquier cosa que la mente imagina. Dios es como una escupidera donde van a parar todas nuestras desgracias, a la vez Dios es como un altar lleno de flores donde también va a parar nuestras alegrías, cuando estamos tristes es Dios que no se ocupa de nosotros y entonces lo maldecimos, sin embargo cuando estamos alegres y nos va bien es todo gracias a ese Dios que ahora sí que ha decidido tenernos en cuenta, entonces lo bendecimos con ceremonias muy vistosas. 

-Entiendo que para ti eso no es Dios. 

-No, no lo es. Dios es un verso suelto de un poema imposible de definir y que se llama vida. 

-¿Qué piensas que es Dios para los humanos? 

-Dios es el resultado de la codicia del hombre, el hombre codicia dinero, coches, casas, mujeres, codicia el prestigio y la fama, Dios es el cúlmen de toda esa codicia ya que lo que pretende el hombre con Dios es asegurarse la vida eterna. 

-Total que no has contestado a mi pregunta. 

-Ni voy a contestar. No me dedico a tener a las mentes contentas.



Parte de una conversación, hace unos días.