No hay forma de vivir en el ahora



Llevamos ya unos cuantos años que está muy de moda vivir el instante, vivir el presente, vivir en el ahora, pero el ahora no se puede vivir, el ahora no puede formar parte de la estructura consciente, el ahora no puede ser experimentado.

No se vive nunca en el ahora, parece que estamos viviendo en el ahora pero eso es un error de apreciación. Cuando el ‘yo’ dice que vive en el ahora no lo está haciendo porque está viviendo en el pasado ya que no puede contemplar el ahora si no es con la estructura mental del pasado. El presente es pasado. El futuro es también pasado puesto que el futuro es ‘algo’ proyectado desde los pensamientos que hunden sus raíces en el pasado. Pensar no es otra cosa que estar invadido por pensamientos del pasado. ¿Y cómo es que el presente es pasado? El presente es pasado porque cuando al presente lo nombras éste desaparece, y el presente es doblemente pasado porque no puedes experimentar el presente ya que la estructura mental que lo contempla se ha conformado en el pasado. Por si esto fuera poco hemos reducido el ahora a un concepto, incluso a una moda, por eso el ahora es algo muerto. “Es que yo puedo vivir en el ahora porque soy capaz de hacerlo sin el pensamiento”, cuando oigas una frase parecida a ésta piensa que es algo falso porque nadie puede ver la vida sin el pensamiento. 

Cuando tratas de permanecer en el ahora, el ahora ya se ha ido, lo que en realidad estás haciendo es intentar controlar los sentidos, algo que es del todo imposible. Como la naturaleza de este mundo nos dice que las cosas no tienen nunca permanencia, esa es la razón principal de que no se pueda permanecer en el ahora pues eso que llamamos ‘el ahora’ se está siempre moviendo, nunca te asientas en el ahora porque el ahora está siempre desplazándose, el ahora está siempre desplazado en relación a donde creemos que está. 

Si interviene la voluntad para vivir en el ahora, ya no hay ahora; si eres consciente del ahora, no puedes vivir en el ahora; si mentalmente haces como que vives en el ahora, eso no es más que un ejercicio mental pues lo real es que sigues habitado por los pensamientos que vienen del pasado. Podría vivir en el ahora el que no hace ningún artilugio con la mente para estar ahí, quizás pueda vivir en el ahora un árbol, un perro, un bebé, un verdadero loco, quizás un anciano de muchos años. Tú podrías vivir en el ahora si no pensaras que estás viviendo en el ahora, pero si lo piensas aunque sólo sea un instante, te sales del ahora. 

Lo que sucede en la mayoría de los casos es que imaginas que vives en el ahora, pero eso no es más que un ejercicio de imaginación, es el yo el que se imagina que está viviendo en el ahora cuando lo que ocurre es que los pensamientos te sacan del presente pues los pensamientos son un armazón que tienen construida su base en el pasado. Hay que decir que los pensamientos no son algo malo que has de eliminar, los pensamientos son también vida, son la vida, son de la vida, así que déjalos en paz, dejarlos en paz quiere decir que no los intentes controlar porque no se puede, ni meditando diez horas diarias lograrás controlar ni uno solo de los pensamientos.

Entonces, ¿el poder del ahora? El ahora no tiene ningún poder; no digo que en esos libros no haya cosas, que efectivamente sí que las hay, pero con respecto al poder del ahora no hay nada porque el ahora es como intentar atrapar un pez con las manos en medio del mar, siempre se te acabará escapando. No pretendas cosas imposibles, no intentes fijar tu atención en el ahora pues eso no sirve para nada. ¿Quién te ha dicho que eres más si vives en el ahora? Alguien te lo ha debido de decir y te lo has creído, el ahora es una creencia y como toda creencia es un cadáver, y todo cadáver huele. 

Muchos se han impuesto la obligación de vivir en el ahora, quítate esa obligación pues no tiene ningún sentido. Rindámonos y digamos que es imposible vivir en el ahora. No pasa nada. La rendición es lo más bello que hay. Quizás una vez rendidos, y habiendo eliminado también cualquier expectativa, puede ser que entonces la vida nos sorprenda por donde menos lo imaginamos.

No lo llames 'ahora', llámalo 'vida', y no lo relaciones con el presente, la vida es algo que no comprendemos y que nunca lograremos comprender, la vida es algo vivo que no se puede capturar. No tienes que hacer nada para estar en la vida porque ya estás en ella.







¿Qué sentido tiene la vida?


A veces hablo con personas que al final de una conversación casi siempre acaban preguntando: “Entonces, ¿qué sentido tiene la vida?”. Yo les suelo decir: “No te hagas esa pregunta”, sin embargo no explico por qué les digo que no se hagan esa pregunta. Hoy voy a tratar de explicarlo.

Sólo te preguntarás por el sentido de la vida si te vives como algo que no es la vida, pero si te vives como la vida que eres, entonces no puedes preguntarte por el sentido de la vida porque es completamente redundante que algo que está vivo le pregunte a la vida, es como si el agua le preguntara algo al agua o el viento al viento, sólo los humanos no vemos lo que es tan evidente. ¿Os imagináis que el caballo de la foto anduviera preguntando por ahí cuál es el sentido de la vida? Yo me encuentro casi a diario con ese caballo y nunca le he escuchado hacer ninguna pregunta, salvo que me lo esté preguntando en forma de relincho y yo no me esté enterando.

Nunca nadie tiene ni tendrá respuesta para la pregunta sobre el sentido de la vida, esa pregunta no tiene respuesta. No hay otra vida más que la vida que es, no te puedes salir de la vida que eres para ver la vida que estás viviendo. No hay un sentido de la vida que tengas que investigar ni que indagar, no hay un sentido de la vida que nadie tenga que traerte, quien te podría traer el sentido de la vida es la vida misma, de hecho te lo trae sin que se lo preguntes y sin que te des cuenta. Lo que eres no admite preguntas porque no te puedes salir de lo que eres para verte desde afuera, o dicho de una manera más simple: la pregunta no se puede separar del que la hace. Como es del todo claro que eres vida, ya tienes en la mano todo el sentido. 

Lo que más nos cuesta aceptar a los humanos es que la vida no tenga propósito, se acepta antes una grave enfermedad o un serio revés antes que aceptar que la vida no tenga propósito. La vida no tiene ningún propósito porque la vida nos deja libres también del propósito, no quiere la vida añadir nada más a lo que ya es, las cosas no tienen un ultra sentido, las cosas son lo que son, por eso no hay que inventarse sentidos escondidos y significados profundos, no es necesario; nuestra mente está configurada para ver primero las causas y luego ver los efectos que producen esas causas, pero es que la vida no es una causa que produzca ningún efecto. Vivir no tiene causa.

Que la vida no tenga propósito quiere decir que la vida es preciso vivirla sin ninguna clave para poder desentrañarla, mientras la vives tienes que vivirla sin saber nada de nada. La vida es como el paisaje nevado de la fotografía, tú no vas a cambiar ese paisaje pues ahí seguirá ese bello animal, ahí seguirá la hierba tapada estos días por la espesa nieve; puedes meterte si quieres en ese paisaje y dejar también tus huellas, unas huellas que por cierto se borrarán cuando venga el viento o cuando caiga la noche y vuelva a nevar de nuevo; tú no dejas tus huellas en la vida ya que tus huellas no son tuyas, lo que crees que son tus huellas es la vida impersonal que impregna todas las cosas. Lo que llamas “tu vida” no es otra cosa que “la vida”, si lo vives de esa manera nunca perderás nada porque de antemano sabes ya que nada es tuyo. Todo es vida. Todo es la vida. Todo es de la vida.








Comentarios a un vídeo en el que interviene José Luís Sampedro


Circula estos días por whatsapp un vídeo de buena factura y bellas imágenes con la voz en off del economista y escritor español José Luís Sampedro, hasta en siete ocasiones me lo han enviado en los últimos días. Aquí se puede ver el vídeo.

Me gustaba más bien poco lo que este hombre decía cuando vivía, y lo que dice en este vídeo me gusta aún menos. Ved primero el vídeo que dura algo más de dos minutos, luego podéis leer si queréis esto que ahora sigue:

Nadie sabe vivir porque vivir es algo que se hace de instante en instante, es decir que la sabiduría para saber vivir no es un título que te dan o que tú mismo te otorgas y que te vale ya para siempre; si escucháis a alguien decir que sabe vivir, es muy posible que no sepa vivir.

La vida no tiene ningún fin, no estamos en la vida para realizarnos, no tenemos que cruzar hacia ningún lugar pues donde estamos somos ya todo lo que podemos ser. 

La libertad de pensamiento no vale para nada, lo digo mejor de otra manera: el pensamiento no es nunca libre pues todo pensamiento es un pensamiento condicionado; nunca el pensamiento solucionó nada; hay un pensamiento mecánico y funcional que viene muy bien para tomar un tren, para hacer la compra, para calcular cómo hacer una casa, pero el pensamiento que divaga sobre el sentido de la vida no es más que un desvarío que no lleva a ninguna parte. 

El fin de la vida no es ganar en satisfacción personal, la búsqueda de la satisfacción personal es otro cuento para que estés enganchado a una zanahoria que nunca acaba de llegar. La satisfacción personal tiene que ver con experimentar sensaciones, pero es que las sensaciones que se experimentan no tienen ningún valor. A ver si de una vez nos damos cuenta de que no hay un 'yo' que tenga que realizarse, a ver si de una vez comprendemos que eso que de verdad somos está al margen de cualquier experiencia y de cualquier circunstancia.

Creo que este hombre -José Luís Sampedro- inundó los medios con una sabiduría de segunda mano, exactamente igual que lo que está haciendo el ex presidente uruguayo José Mújica, un tipo sobrevalorado que dice cosas poco interesantes. No os enviéis vídeos unos a otros como si fueseis loros, revisadlos antes de subirlos a la 'gran burbuja' de internet.

No digo que de José Luís Sampedro sea todo malo, hay cosas pasables, también de José Mújica las hay, lo que ocurre es que hay épocas en las que se erige como modelos de sabiduría a algunos que no dan la talla, que también tiene su explicación, y es que se erige a esos sabios mediocres porque la época que se está viviendo es también mediocre.

En realidad estos dos personajes han subido a un primer plano mediático por la necesidad que hay no tanto de buscar sabios como de buscar santos, estos dos son más santos que sabios, el mundo hispano necesitaba santos laicos y un poco de izquierdas y les cayó a estos dos. ¿Cuál es la diferencia entre un santo y un sabio? Un santo viene siempre a salvarte de algo, el sabio sin embargo no quiere salvarte de nada porque además sabe que no puede hacerlo. Un santo es el que quiere cambiar las cosas, quiere mejorarlas y modificarlas, el sabio sin embargo no pretende cambiar ni mejorar nada. El santo espera siempre que suceda algo, el sabio sabe ya que no es necesario que suceda nada pues lo que es está siempre siendo.

El hombre sabio no es el que sabe de todo o el que sabe todo, el hombre sabio es el que sabe que no sabe nada de nada.







La percepción


¿Alguna vez nos hemos parado a ver cómo percibimos? ¿Tenemos una mínima noción de eso que llamamos ‘la realidad’? ¿Sabemos lo que es nuestro cuerpo? ¿Realmente nos pertenece ese cuerpo al que llamamos ‘nuestro cuerpo’?

Cuando el oído escucha algo en realidad está escuchando una vibración que luego el cerebro traduce en un sonido hasta llegar a decir: “Sí, es la voz de fulano, la reconozco”. El cerebro en primera instancia es un traductor. Cuando unas vibraciones son captadas por los nervios del cerebro, éste las convierte por ejemplo en una música o en el sonido de la lluvia, lo mismo sucede cuando el tacto dice “esto es suave” o “esto está áspero”, en realidad el cerebro está traduciendo unos estímulos que llegan ‘en bruto’ hasta convertirlos en algo que tenga una forma asimilable, pero el cerebro no es tan sólo un traductor sino que es también un creador. ¿Un creador de qué? El cerebro es el creador del cuerpo, sin el pensamiento no habría noticias del cuerpo, tu cuerpo existe porque el cerebro lo ha creado; por si esto fuera poco, mi cuerpo existe solamente para los demás, no existe para mí mismo; nuestro cuerpo no nos pertenece ni sabemos lo que es, nuestro cuerpo es un holograma que aparece ante los demás, sin embargo no aparece ante nosotros mismos, desde luego no en su totalidad ya que de nuestro cuerpo sólo vemos partes aisladas salvo que nos filmemos o fotografiemos todo el tiempo y todo el tiempo estemos revisando esas fotografías y esas filmaciones. “Pero es que yo siento mi cuerpo”, dirán algunos; lo que llamamos ‘sentir el cuerpo’ es solamente una traducción de estímulos parciales, nunca podemos sentir el cuerpo en su totalidad. 

En la muerte vemos el cuerpo de los demás, sin embargo en nuestra propia muerte no vemos nuestro cuerpo pues el ‘yo’ que lo observa desaparece. Cuando no hay un yo captando, el cuerpo no existe; cuando no hay un yo percibiendo, la realidad no se muestra. Si no hay nadie mirando, el mundo se borra. Por eso es tan importante comprender lo que es la percepción pues es así que comprendemos esta especie de ‘engaño’ llamada realidad, podríamos incluso decir que lo real es que no hay realidad puesto que esa realidad está creada por un 'yo' que la está proyectando todo el tiempo. No hay ningún objeto en ningún lugar que tenga vida independiente del todo, es decir que no hay ningún objeto en ningún lugar que tenga vida independiente de la totalidad de la vida; no hay ninguna percepción aislada captada por ningún individuo aislado, todo ocurre en un único plano de conciencia y no en los sentidos externos aislados y fraccionados de los individuos.

Entonces, ¿qué tipo de realidad es esta, acaso se trata de una realidad holográfica? Todo indica que esta realidad es holográfica puesto que el cerebro está obligado a traducir todo el tiempo lo que capta, es el propio cerebro al traducir el que crea eso que llamamos ‘la realidad’, por eso la realidad es distinta para cada uno porque cada uno tenemos diferente nivel de consciencia. La realidad es distinta para cada uno, no así lo real. La realidad es lo que pensamos que es, lo real es lo que es. Los pensamientos nos separan de lo real, lo real sería lo que es sin que el cerebro tenga que traducir nada. No vemos la vida tal como es, vemos la vida a través de los pensamientos que la captan y con los que nos identificamos. Nuestros sentidos externos ya no trabajan en su estado natural pues están 'eclipsados' por el pensamiento, es decir que ya no ves porque piensas mientras ves, ya no oyes porque piensas mientras oyes, ya no sientes el tacto porque piensas mientras tocas. Pensar te saca de la vida, pensando te has convertido curiosamente en un extraño para ti mismo. ¿Os imagináis que un león mientras caza estuviera pensando que sólo le quedan cincuenta euros en su cuenta corriente? Si tuviera que cazar con esa preocupación no cazaría y se moriría de hambre. Tus preocupaciones no te dejan ver la vida verdadera.

Lo real no hay forma de conocerlo, por eso podemos decir que hay una vida que va por debajo de todo lo visible y que es como un río escondido, un río ciertamente inaccesible para la mente. La vida que corre en paralelo como un río escondido no puede ser comprendida por la mente y por los pensamientos. Nunca ningún pensamiento resolvió nada sobre eso que a menudo llamamos 'el sentido de la vida'. La verdadera vida no la podemos conocer, tampoco comprender, la vida verdadera escapa siempre a la comprensión de la mente. La vida que habitualmente vivimos no es más que una sucesión de reacciones mentales, vivimos como guerreros que están preparados con su espada para lo siguiente que ha de venir, es decir reaccionando a todo, pero así es imposible vivir la vida que late por debajo de todo lo aparente. 

¿Alguna vez has observado cómo es tu percepción del futuro? Tú no te puedes preparar mentalmente para lo que viene porque lo que viene es desconocido, al prepararte mentalmente lo que haces es consumir toda la energía que tienes para vivir, vives pensando cómo vivirás mañana y eso es justamente lo que te impide vivir hoy, tienes todo hipotecado a lo que vendrá, pero lo que ha de venir nunca llega pues no es más que una proyección de tu propio pensamiento.

Por hoy lo dejamos aquí porque si seguimos se nos pueden chamuscar los cables. Querido amigo José Ramón, la explicación de hoy es para ti porque la habías pedido, no te asustes cuando compruebes que no existimos más que como un holograma, un holograma que efectivamente ‘no tiene ninguna consistencia’. Pero puedes consolarte, si no existimos más que como un holograma tampoco nos puede asustar ya nada, no te asustes cuando veas que no hay ninguna cosa, y si la hubiera no tendría la más mínima importancia.







¿Es la muerte una experiencia?



La muerte no puede ser una experiencia porque la muerte es justamente el final de todas las experiencias.

La muerte no es una experiencia porque al morir el experimentador se acaba. En la muerte no hay experiencia alguna porque el yo se evapora, se desintegra. La muerte la vivimos siempre a través de los otros, es cuando los otros mueren que vemos la muerte ya que nuestra propia muerte no la podemos ver pues en nuestra propia muerte nosotros ya no estamos. Fijaos lo que supone entonces tener miedo a la muerte, ¿cómo vas a tener miedo a la muerte si al morir ya no vas a estar ahí para verla? Al no haber nadie que muera, tampoco hay nadie que pueda decir que ha muerto.

¿Y la vida después de la muerte? Las imágenes construidas para una supuesta vida después de la muerte las lleva a cabo un ‘yo’ que quiere seguir teniendo experiencias, pero no puede haber más experiencias por parte de un yo que ya no está. El yo es una herramienta temporal, una herramienta finita y caduca, el yo en realidad es una invención de la mente, y por supuesto la mente es también una herramienta temporal, la mente no es el instrumento para alcanzar la vida eterna, y no es que haya vida eterna pues se trata de un concepto artificial creado por las religiones y por las tradiciones esotéricas, digamos mejor que la vida es eterna, pero que la vida sea eterna no garantiza que nosotros vayamos a seguir viviendo bajo la forma en la que lo imaginamos. Recuerda que todo aquello en lo que crees va a terminar.

Nadie puede decir hablando en propiedad que alguien muy anciano y muy enfermo está vivo en este instante y cinco minutos más tarde al comprobar que ya no le late el corazón se dice de él que está muerto, esa división entre la vida y la muerte no es sólo una falsedad del lenguaje, es una falsedad con respecto a la vida entendida como un todo. No se pueden separar la vida y la muerte ya que las dos componen algo único e indivisible. No existe otra cosa que no sea "la vida" entendida como un todo, no existe otra cosa que esto que es, así que no hay muerte por ningún lado, la muerte es otro concepto fabricado por la mente.

Morir es algo muy simple, morir es estar dispuesto a perder todo lo que tienes. ¿Estás dispuesto a perder todo lo que tienes? Eso es la muerte.

¿Y las experiencias cercanas a la muerte? Las ECM son justamente eso, 'experiencias cercanas' a la muerte, las experiencias cercanas a la muerte no son la muerte ya que la muerte no es una experiencia. En las ECM es el yo el que aún sigue proyectándose, y se proyecta sobre las cosas del mundo o sobre lo que imagina que ha de ser la vida del más allá, lo que el yo proyecta lo hace a causa del miedo, a más miedo más proyección y más historias inventadas y fabuladas, curiosamente cuando el miedo desaparece también desaparece la pregunta de si vamos a seguir viviendo cuando hayamos muerto. Sabemos que el cuerpo es inmortal porque un cuerpo que muere entra en un proceso infinito de transformación, así que lo que cuenta al fin y al cabo es que la vida continúa eternamente, no si tú vas a seguir viviendo como la entidad psicológica que crees que eres.

Una nota aclaratoria: ¿Por qué el yo es una invención de la mente? El yo es una invención de la mente porque en ese yo no están la totalidad de los pensamientos, la totalidad de los sentimientos y la totalidad de las emociones, y como no están no puede llevar a cabo balance de su actividad. El yo sería como un estudiante al que le preguntan en un examen, nada puede responder en ese examen puesto que no ha podido almacenar la información que le están pidiendo. ¿Alguien podría responder en un examen a la pregunta de cómo fue su nacimiento? Nadie sabríamos responder a eso porque de nuestro nacimiento nadie sabemos nada pues no hay ningún recuerdo. El yo en realidad es un software que da continuidad a hechos aislados que no la tienen. ¿Qué es entonces lo que hay en el cuerpo si no hay un yo? Energía impersonal, conciencia global no asociada a ningún estado local y particular. El asunto entonces no es si tú vas a seguir viviendo después de morir, el asunto es que la vida sigue.



Este apunte va a estar muy unido a otro que se publicará en unos días y que tiene que ver con la percepción, en ese apunte trataré de explicar cómo es que percibimos, cómo percibimos el cuerpo de los demás, y en particular cómo percibimos nuestro propio cuerpo.





El gran problema de la espiritualidad



El gran problema de la espiritualidad es que siempre ha querido que la vida sea más de lo que es, siempre ha querido y quiere más cielo, más reencarnación, más arrebatos místicos, más iluminación personal, más redentores, más salvadores, más canalizadores, más maestros ascendidos, más vida en el más allá, más brillos de todo tipo, es decir que por querer tanta cosa ‘sobrenatural’ se ha olvidado de lo ‘natural’, lo natural es lo que es, lo sobrenatural es lo que la mente imagina que debería ser.







El amor el último


Siempre me llamó la atención ver que en el famoso dicho “salud, dinero y amor” el amor vaya el último, eso quiere decir que el amor, que parece siempre tan importante, en realidad es lo que menos importa; si el amor va el último en esa terna de palabras, quiere decir que con salud y dinero se disimula muy bien, con salud y dinero se disimula tan bien que hasta se puede aparentar el amor, pero la apariencia de amor no es amor. En los inviernos del alma se acude al calor del amor, pero tener el corazón inflamado de sentimiento no asegura que el amor esté y que además se mantenga vivo. El amor va el último en esa terna de palabras porque aún no lo hemos comprendido, queda mucho aún para poder comprender lo que es el amor en su esencia. El amor no es una expresión del cuerpo que se basa en una emoción, el amor es la amalgama que une todas las cosas, sin amor el mundo se viene abajo, sin amor no hay pureza para llevar a cabo ninguna acción que merezca la pena. El amor no lo pones tú, es la vida la que pone el amor, es la vida la que te lo entrega. La vida entera es amor, aunque a veces no lo parezca.


El amor no es una conquista.

El amor no puede vivir dentro de un intercambio de objeto a objeto.

El amor no necesita de ningún estímulo para ser.

Tú no das alcance al amor, es el amor el que te alcanza a ti.

El amor no es de nadie. 

El amor no es un premio que te da la vida.

En el amor no hay nadie que triunfe o que fracase.

Amas a alguien cuando no lo ves distinto a lo que tú eres.