Cuando quedas libre de todo



Si no eres libre, no puedes amar. 

No somos libres hasta que no nos despojamos de todos nuestros deseos. Los deseos no son más que ‘los agarraderos’ que nacen a causa del miedo a la soledad y al vacío; esos agarraderos tienen que ver sobre todo con proyectar la atención hacia todo lo que viene de fuera. ¿Por qué pensamos siempre que la felicidad depende ‘de algo’ externo que está situado lejos de nosotros? Es preciso volver la mirada hacia la vida que nos vive por dentro. Cuando se vuelve la mirada hacia el interior, es fácil ver que los deseos no son más que las perchas en las que el ego está colgado, y nunca mejor dicho lo de ‘colgado’.

Cuando quedamos libres de todo, entonces podemos amar ya con todas las garantías. Se puede decir también de otra manera: es al permanecer libres que comprobamos que nosotros mismos somos el final de ese camino llamado ‘amor’.