La melancólica tristeza en las canciones de Leonard Cohen




El título del apunte de hoy parece el título de una tesis, y perfectamente lo podría ser ya que este tema da para mucho.

No sé si os gusta Leonard Cohen, a mí más que gustarme musicalmente hablando, lo que me ha ocurrido con él es que siempre me ha llamado la atención; más que su música, lo que él hace es para mí casi siempre motivo de estudio; es ver a Leonard Cohen e inmediatamente me pongo la bata de científico porque, la verdad, lo que hace dice y canta despierta siempre interés en mí. Si a su condición de ‘judío errante’ le añadimos su entronque con las artes plásticas, con la escritura, con lo psicológico y psicoanalítico, por no hablar de la letra de algunas de sus canciones como su famoso “primero tomaremos Manhattan, luego tomaremos Berlín”, que se llegó a pensar cualquier cosa cuando tuvo lugar el 11 de septiembre en 2001... ¡En fin! Inacabable es Leonard Cohen, o por lo menos así lo parece.

Hoy quiero hablar en particular sobre la melancolía de sus canciones. Pocos autores habrá que destilen una mayor melancolía, algo que él ha buscado y parece que busca 'sin remedio'.



La melancolía en las canciones de Leonard Cohen, lo mismo que en las de algún otro autor musical, nace de mirar la vida a través de una ventana de ciudad. Los cristales nos separan de la vida. Los ventanales de Manhattan, los de Barcelona, los de Tokio o los de Roma, no son otra cosa que el muro que nos separa del cielo, de los árboles, del campo abierto. Esa melancolía en las canciones expresa  encerramiento,  estanqueidad, cárcel. ¿Qué puede respirar un pulmón que anhela el aire libre en esas estancias cerradas donde no entra más que humo y tinieblas?  Los apartamentos de la ciudad están llenos de apartamiento. Esos lugares albergan 'Dráculas' que han acabado por no soportar la luz y los espacios abiertos. Detrás de esa melancolía está el ciego que no quiere ni puede ver el sol, lo mismo que el que no se atreve a lanzarse a la Vida. De ahí nace la melancolía, de ahí nace esa melancólica tristeza que hunde sus raíces en el encerramiento de la ciudad. El encerramiento de la ciudad no es otra cosa que jugar una partida de ajedrez contra uno mismo.



Me parece a mí que esa tristeza y esa melancolía no nacen de vivir en la soledad plena, más bien nacen de un lugar donde falta la Vida. El que está encerrado en esos muros casi seguro que vive también en la trampa de las relaciones, en la sobredosis de los sentimientos, lo mismo que en la poca claridad de la mente y en la escasa limpieza del alma.

Ved este clip de Leonard Cohen, es de su canción titulada “In my secret life” (En mi vida secreta), y en particular ved cómo trata en imágenes la prisión del cemento en la que se vive en las ciudades, ese cemento es como si fuera un féretro, por no hablar de los ‘esperpénticos’ y 'surrealistas' personajes que ahí habitan y las actividades que realizan, actividades ‘de ciudad’ naturalmente.





Para acabar quiero felicitar de corazón a todos los que están dejando la coctelera de la ciudad y se lanzan a beber el agua pura del campo y de la naturaleza. No os vais a arrepentir. En mi círculo cercano sois unos cuantos ahora mismo los que os habéis decidido a dar el paso.  Habéis sentido una llamada y sabéis que esa llamada es sagrada. Ningún pájaro quiere vivir en una jaula, así que a volar, siempre a volar.