Una canción para los días tristes



Una amiga me habló de Francisco Contreras Molina, Niño de Elche, pues lo conoció este pasado verano en el Festival Sónar, y decidí investigar un poco; escuché diversos temas suyos hasta que de pronto me encontré con esta pieza que me encantó. Contempladla. Si tenéis un día triste, mayor razón aún para situaros ante ella; la música funciona igual que la homeopatía, es decir por la ley de similitud; la ley de similitud viene a decirnos que lo que te hace enfermar es lo mismo que te cura; si por ejemplo tenéis un día triste, escuchad algo verdaderamente triste, veréis el efecto que tiene; si escucháis este tema del Niño de Elche con unción, veréis que literalmente estampa vuestra tristeza contra el suelo pues la lleva hacia un lugar muy profundo, la lleva hasta un punto que no puede caer ya más abajo, pero de pronto veréis que os sube de nuevo hasta la vida que se vive desde la entraña y desde lo verdadero, y entonces llegan de nuevo el ánimo y la alegría. Toda la pieza que canta este hombre es soberbia (la letra es el poema “Me sobra el corazón” de Miguel Hernández); no he visto a ningún cantaor nunca tan desnudo y tan humilde, si acaso a Enrique Morente en su última etapa, también a Camarón cuando estaba ya muy enfermo; el tema se grabó en una pequeña librería, sin las mejores condiciones acústicas pero con todo el cuajo de lo que nace lleno de fuerza. Advierto que el final puede llevaros a las lágrimas, no son lágrimas de sensiblería, son lágrimas de verdad, a causa de la verdad, una verdad que el arte de la música sabe arrancar sabiamente de nuestro interior.