Dos formas de pedirle a la vida

"La mies es mucha" , una película de José Luís Sáenz de Heredia


Hace unos días vi que en la 2 de RTVE ponían una película titulada “La mies es mucha”, del director José Luís Sáenz de Heredia, una película del año 1948 de la que a veces me habló mi madre, creo que también me llegó a hablar algún fraile de aquellos que nos aleccionaban cuando estudiábamos de jóvenes. Yo no la había visto, y la vi encantado sobre todo para comprobar cómo se puede rodar una película ambientada en India sin salir de España. El protagonista es Fernando Fernán Gómez que interpreta a un joven misionero español que se va allí 'a bautizar almas’; la razón principal de su viaje es para sustituir a otro misionero que se encuentra viejo y cansado. En un momento dado el misionero que interpreta Fernán Gómez reza a Dios para que le conceda algo, pero por lo que se ve no se lo concede; él mismo cae en la cuenta días más tarde y dice para sus adentros: "Cuando le pedí a Dios en realidad no fue pedirle a Dios, fue exigirle”. 

Una cosa es hacer movimientos para que todo suceda (eso estaría en la línea de pedirle ‘amablemente’ a la vida), y otra muy distinta es la exigencia que siempre conlleva prisa y precipitación, es decir desorden. En la actitud de escucha constante estamos en la petición, mientras que en la urgencia desesperada estamos en la exigencia, y la exigencia acarrea parálisis y a la larga también frustración. Cuando pedimos estamos en realidad aceptando que todo llegue de forma natural, cuando exigimos ya no hay aceptación y el ego acaba siempre enseñando los dientes; la exigencia se da porque es el ego el que tiene prisa. Si quieres puedes sacar la navaja a la vida y exigirle que te entregue la cartera, pero no es el camino más recomendable.