Cuando la respuesta no son las palabras



Muchas veces me pregunté y aún me pregunto por qué algunos viejos y sobre todo algunos moribundos se quedan callados, en silencio. La mayoría no se quedan callados porque no puedan hablar o porque la enfermedad les haya debilitado tanto como para no poder hacerlo; se quedan callados porque su respuesta a muchas de las cuestiones de la vida no guarda ya relación alguna con las palabras, guarda relación con un estado. Muchas personas se vuelven calladas y se convierten casi en puro silencio cuando ven que el tiempo cronológico de sus vidas toca a su fin, pero sobre todo cuando son plenamente conscientes de la falsedad que rodea a eso que llamamos persona o personalidad. Te vuelves callado cuando cae la venda de tus ojos y aciertas a ver los personajes que has ido fabricando, personajes todos ficticios y sin ninguna consistencia. Ese estado sin palabras es la esencia del ser humano, algo que no es fácil de encontrar en una sociedad con tanta simulación y con tanto ruido.



Silencio infinito del corazón,
ancho vacío,
lejana piedad en la blancura de la espuma de los mares.