La firma electromagnética


Llevas años visitando esta página; sueles venir aquí a diario, aunque a veces lo haces cada dos o tres días. ¿Por qué acudes a esta llamada? ¿Es buena el agua de esta fuente? ¿Calma tu sed lo que aquí encuentras?

Sigues viniendo no tanto por las palabras o por los conceptos que recoges, sigues visitando esta página no sólo por los conocimientos o por las enseñanzas, en realidad vuelves aquí por una llamada invisible que te hace venir. La llamada que sientes la sientes más allá de los kilómetros que nos separan y de la propia experiencia de colocarte delante de una pantalla. Algo te guía para que aquí vengas.

Cada ser dispone de un electromagnetismo que lo hace único. Tú vienes aquí porque sientes mi electromagnetismo en la distancia. Yo tengo una firma electromagnética que nadie más tiene. Tranquilos, tranquilos, no es un arrebato de ego, os lo aseguro, no tiene nada que ver con eso. Esta firma de la que hablo no solamente la tengo yo, también tú la tienes, todos tenemos un electromagnetismo específico, una firma única, un sello. Repito: TODOS; solamente hay que tomar conciencia de él, si al tomar conciencia no aparecen el ego ni la petulancia ni la cursilería ni la afectación ni la pedantería, entonces es que ese ‘sello’ es auténtico.

Cuando visitas esta página, digamos que lo haces porque notas que yo soy una estación que está emitiendo, a la vez tú eres una estación que recibe, aunque a veces es justo al revés, por eso nos retroalimentamos, a eso ahora se le llama de forma muy acertada ‘entrelazamiento cuántico’. El entrelazamiento cuántico es algo en realidad muy sencillo: tú eres lo mismo que todos los demás, yo soy la misma cosa que el resto de los seres del mundo.

Si algún sentido tiene ahora para mí internet, es encontrarme de forma consciente con todas esas realidades electromagnéticas (los distintos seres) con los que se 'produce' un indudable 'intercambio' de información.

La 'firma' electromagnética es el sello de nuestra pureza original, lo que dejamos 'ver' al resto de las almas que nos observan.