¿Una pareja que se dice enamorada? ¿O una pareja conectada a través del Amor?



La nieve inspira mucho, por lo menos a mí. En el lugar donde vivo hemos tenido tres días de nieve abundantísima, una nieve bella y sanadora. Esto es lo que nació una tarde mientras recorría con mis viejas botas los caminos y los campos hasta llegar al pequeño riachuelo donde me senté a escribir.

Una pareja que se dice enamorada acaba casi siempre destruyéndose, es como si en la pasión de ese amor terminaran por devorarse el uno al otro, lo he podido comprobar varias veces en el pasado por mí mismo, también lo he comprobado en muchos amigos y conocidos; sin embargo una pareja conectada a través del Amor no solamente no se devora ni se destruye sino que bajo cualquier circunstancia siempre se cuidarán el uno al otro, se vean o no se vean, vivan juntos o vivan a cientos o a miles de kilómetros de distancia el uno del otro; a estos últimos nada les separa, aunque ante los ojos del mundo su relación parezca un proyecto truncado.

A veces como mejor se conoce al otro es no estando con el otro, quiero decir que a veces es preciso estar en soledad completa para conocer mejor a la otra persona, y sobre todo para conocerse de verdad a uno mismo. Estas cosas los muy jóvenes aún no las pueden entender.

Si un día os sentisteis muy felices con alguien, no tratéis de repetirlo. A la vida no le gusta la repetición. La mayoría de las frustraciones vienen porque queremos volver a sentir aquella gran felicidad que un día sentimos. No intentéis calcar los moldes que una vez funcionaron, es imposible.

Una relación de pareja no es vivir una emoción pasajera. Una relación de pareja tiene lugar cuando los dos con sus ojos saben mirar hacia lo alto, sin esa mirada hacia lo alto es muy difícil poder ir juntos por el camino de la vida. Saber mirar hacia lo alto es tener conocimiento pleno de que aquí no se manifiesta la vida en todo su esplendor. La vida de la formas nos ata con su limitado lazo, a muchos ese lazo les va apretando cada día más y más.

No deis demasiada realidad a lo sensorial ya que todo el mundo de apariencias desfilará ante vuestra mirada y se perderá; veréis cómo se va el cuerpo, la casa, la hacienda, el dinero que una vez ahorrásteis o heredásteis, las ilusiones fugaces, el miedo, también las enemistades, el dolor y la enfermedad, y por supuesto todo aquello que alguna vez os dio felicidad. Todo se evaporará. ¿Y qué es lo que queda? Queda el Ser en su lucidez, queda el Alma del Mundo que todo lo habita. Lo mismo que podéis contemplar una foto sin que esté allí ya el paisaje, podéis contemplar también vuestro Ser sin que al lado vuestro haya nada reconocible.

No hay pues ninguna prisa. Todo es eternidad.