CarloSaura

Raúl Rodríguez y Carlos Saura.
Una fotografía de Juan Carlos Gargiulo.

Conozco a Carlos Saura desde hace veinticuatro años, a su lado todo han sido regalos y bendiciones; aunque en estos últimos años apenas nos hemos visto, siempre le tengo presente. Saura me coloca siempre que me ve al lado de nuestro amigo común Jesús Blanco Alcañiz, a quien tanto queremos y al que a veces echamos de menos, pero él se hace el huidizo entre los bosques y los ríos de La Vera; tu libertad es sagrada Jesús, una libertad que respetamos y amamos, siempre te agradeceremos todo lo que nos has enseñado. 

Ayer Carlos vino a Segovia para hablar de fotografía, y habló bien, muy bien. Qué finura tiene para hablar con sencillez de la enorme complejidad de la vida, y qué finura tiene al cortar con suavidad y contundencia todo atisbo de pedantería. Pero lo mejor de estar con Saura son las confidencias que va haciendo cuando hablas con él en privado.

-Carlos, ahora que has hecho cuarenta películas y tienes ya 84 años, ¿qué es lo que más te gusta de hacer una película?

-Lo que más me gusta de hacer una película es el primer día de rodaje. Tú sabes que el primer día de rodaje suele ser casi siempre un desastre porque no funciona nada, ni funcionan las luces, ni el vestuario, la escenografía se cae, los micrófonos fallan, el operador de cámara está medio dormido, uno mismo está desengrasado, pero yo estoy encantado porque da comienzo la aventura. La hazaña es siempre empezar, no se te olvide.

-¿Nunca has tenido nervios?

-Nunca.

-¿Sigues sin ver tus películas una vez terminadas?

-Sigo sin verlas.

-No te creo Saura, no te creo.

-Pues no me creas. No veo mis películas porque son algo pasado y yo las hice en el presente, es el presente lo que me interesa, es el presente.


Voy a hablar ahora de la fotografía que encabeza este apunte, una bella foto –una vez más- del excelente fotógrafo y amigo Juan Carlos Gargiulo. En ese momento Carlos Saura estaba sentado y pensé que se pondría de pie para la foto. Pues no. Me pidió que me pusiera yo de rodillas, ‘a su altura’, y ahí nació la instantánea. Yo coloqué mi cabeza cerca de la de él, a una distancia digamos prudencial, pero Saura se pegó a mí literalmente, a la vez me agarró fuertemente el hombro con su garra de oso del pirineo aragonés. Sentí en ese momento como si me estuviera haciendo ‘una transmisión de ideas’; me llama mucho la atención esas dos cabezas pegadas como de dos siameses. Fue un momento muy breve y muy bello.

-Carlos, hace años me dijiste que llevabas siempre una cámara encima porque eres muy tímido y así conseguías romper el hielo con las personas que se acercaban a ti.

-Pues la verdad es que ahora no recuerdo haberte dicho eso.

-Entonces ¿por qué la llevas?

-La llevo porque es mi obligación.

-Ay que me da la risa...

-Pues ríete todo lo que quieras.


Carlos Saura es un director sencillamente extraordinario, su filmografía está sin duda entre las mejores del cine mundial de todos los tiempos. Aún no acertamos a comprender la increíble dimensión de su obra. Ved cuando podáis “Elisa vida mía”, “La prima Angélica”, “Mamá cumple cien años”, “Flamenco”, “Goya en Burdeos” y tantas y tantas obras maestras. Disfrutad de su maravilloso cine. La fotografía que hace Carlos Saura es también preciosa, preciosos son sus dibujos, preciosa su escritura. No te lo he dicho nunca Carlos, pero esa voz tuya es también un primor, siempre suave, siempre acertada, una voz que dice sin herir, una voz que siempre busca comunicar algo verdadero. “Una voz normal, no le des tantas vueltas”, te estoy oyendo decir.