Dale al garbanzo vivo



Amo los garbanzos. Los comí por obligación de niño y los tomo por devoción ahora de mayor.

El garbanzo es un antidepresivo muy potente, es algo que se sabe desde hace ya mucho tiempo. Cuando a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta la gente comenzó a desplazarse a la ciudad (estoy hablando de lo que aconteció en España), aumentaron los casos de suicidio entre la gente que provenía del campo; cuando se analizaron a fondo las causas, se dieron cuenta de que además del desarraigo por haber dejado su lugar de origen y haberse ido a vivir a un nuevo lugar despersonalizado (la ciudad), había también una razón de peso: el cambio en los hábitos alimenticios, concretamente porque se comían menos garbanzos. Los que hayáis nacido en un pueblo del campo español y tengáis ahora alrededor de 60 años sabréis que en nuestra infancia se comían garbanzos…¡todos los días! Normalmente los tomábamos en el cocido, que era el plato único de casi todos los días del año, solamente se cambiaba el garbanzo por el pollo o por el conejo cuando se recogía la cosecha y en los días de fiesta.

¿Cuál es el secreto del garbanzo? Pues que contiene un amioácido llamado triptófano, este aminoácido produce una buena cantidad de serotonina, también llamada la hormona de la felicidad. Cuando alguien esté pasando una temporada un poco baja, que aumente el consumo de garbanzos y verá lo que sucede, en algunas personas el garbanzo puede llegar a ser incluso euforizante, así que dejaos de chorradas como el Red Bull y la Coca Cola y lanzaos al garbanzo vivo. Pensadlo si queréis de esta manera: cada garbanzo que tomáis es una píldora antidepresiva. Funciona. Ya lo creo que funciona.

Hay muchas formas de tomar garbanzos, una buena receta para la temporada otoño-invierno es ésta: una vez cocidos los garbanzos se rehogan con cebolla, calabacín cortado en cuadraditos y zanahoria en láminas, es un plato verdaderamente delicioso. El garbanzo se puede tomar también a través de la modalidad de ‘humus’, aquí dejo la forma en la que yo lo hago: pongo en una batidora de vaso los garbanzos previamente cocidos, medio pimiento verde, una cucharada sopera colmada de tahin (pasta de sésamo), un ajo, el zumo de medio limón, comino, aceite de oliva virgen extra de primera presión en frío, una pizca de pimentón dulce, un poquito de cúrcuma, salar finalmente con sal marina atlántica sin refinar. Buen provecho.