De las viejas parejas a las semillas nuevas.



La mayoría de las parejas han vivido hasta ahora envueltas en la posesión, en el miedo a quedarse solos si el otro faltaba o se iba, envueltas en la vigilancia mutua y en la sospecha, realmente vivir de esa manera es no vivir.

La posesión es una herida que nunca cierra, y es que si posees a través del control que ejerces sobre la otra persona, y si además estás subido todo el día en la montaña de los celos y de los pensamientos obsesivos y repetitivos, lo que haces es reabrir una herida que siempre estará sangrado. Nadie quiere vivir con una herida que no se cierra ni de día ni de noche; es por esas heridas que la energía se escapa, y es por eso que tantas y tantas personas están sin fuerzas, sin la energía necesaria para poder vivir. ¡Hay tanto amor enfermo! ¡Hay tanto enfermo de amor!

Solamente dejando de poseer puede nacer algo por completo diferente. El amor que puede nacer de la no posesión no aparece escrito en ningún libro, ese amor es creatividad pura, es riesgo, es valentía, se trata de un amor amasado en cada momento y puesto a hornear como el mejor pan de la mañana.

Muchos amantes se prometen cosas por el miedo que les da el futuro, quieren asegurarse el futuro prometiéndose cosas, incluso firmándolas. Si amas de verdad, nunca prometerás nada, y es que el amor es un nacimiento que sucede de instante en instante, ¿cómo vas a prometer algo que aún no ha nacido? Aún sin prometer nada, lo importante es amar; tu compromiso es con el amor, no con una firma ante un notario.

En la pareja se vende muy caro el perdón; puedes perdonar a tu padre, a tu madre, a un hermano o a una hermana, también a un amigo, pero a tu pareja… a tu pareja no. Cuesta tanto perdonar a la pareja porque con la pareja haces todo eso que no te atreves a hacer con otras personas de tu vida, con tu jefe, con tu hermano, con un amigo. En las parejas se pelean batallas que suelen ser de otras guerras. 

Las semillas que pacientemente la vida dejó sembradas en dos corazones que se aman son semillas nuevas, semillas sagradas, semillas que siempre pueden dar fruto ya que tienen todo el potencial de la Vida.

Las parejas que a partir de ahora sigan adelante van a ser las que estén dispuestas a dar el paso de estar juntos en lo esencial, para ello tienen que dejar un poco de lado las formas cambiantes que van y vienen. JUNTOS EN LO ESENCIAL Y FELIZMENTE DIFERENTES EN TODO LO SUPERFICIAL.

Le preguntaron una vez a un Maestro cuál era la diferencia entre la química y la alquimia en las relaciones de pareja y contestó de esta manera:

– Las personas que buscan química son científicos del amor, es decir que están acostumbrados a la acción y a la reacción. Las personas que encuentran la alquimia son artistas del amor, crean constantemente nuevas formas de amar.

– Los químicos aman por necesidad. Los alquimistas por elección.

– La química muere con el tiempo, la alquimia nace a través del tiempo.

– La química ama el envase. La alquimia disfruta del contenido.

– La química sucede. La alquimia se construye.

– Todos buscan química, sólo algunos encuentran la alquimia.

– La química atrae y distrae a machistas y a feministas. La alquimia integra el principio masculino y femenino, por eso se transforma en una relación de individuos libres y con alas propias, y no en una atracción que está sujeta a los caprichos del ego.

En conclusión, dijo el Maestro mirando a sus alumnos:

– La alquimia reúne lo que la química separa. La alquimia es el matrimonio real, la química el divorcio que vemos todos los días en la mayoría de las parejas.