Disección del yo


Ayer me escribió una persona que quería saber mi opinión sobre la fiesta del orgullo gay que se celebra estos días en Madrid. No es relevante mi opinión personal pues la persona no es más que un simple artefacto mental, en realidad la persona no existe, la persona siempre dará una respuesta limitada. Lo que viene a continuación no nace de la persona, nace de otro lugar, nace de la intuición y sobretodo nace del amor que está más allá de cualquier apariencia. Lo que vas a leer no tiene nada que ver con estar a favor o en contra de algo, estar a favor o en contra de algo no es más que el simple reflejo de una mente condicionada.

Tú no eres eso que aparece en el mundo de la forma, tú no eres todo eso externo con lo que te identificas, ya sea que te identificas con unos gustos particulares condicionados que indican que prefieres acostarte con hombres, o bien con otros gustos también particulares y condicionados que indican que prefieres acostarte con mujeres. Tú no eres eso, tú te crees que eres eso, pero ese no es el yo profundo que te sustenta. Tu Ser interno no es homosexual ni heterosexual ni transexual, esa es si acaso la capa superficial que te tiene viviendo aún dentro del sueño de una mente ilusoria. Eres pura conciencia y no los devaneos de un cuerpo limitado en el tiempo.

Así que se acabaron los análisis de cara a la galería, se acabaron los tópicos, se acabó el enfrentamiento que nace del condicionamiento. ¿Y de dónde nace el condicionamiento? El condicionamiento nace del yo psicológico, por eso lo que hay que hacer es tratar de diseccionar a ese yo, así que pongámonos a la tarea, una tarea que requiere mucha honestidad y mucha profundidad. Este blog se ha estado preparando durante varios años para que los que lo lean lo puedan entender.

El yo psicológico no es más que un pensamiento de los muchos que vienen a la mente, en realidad el yo nace de la memoria, una memoria que tiene registros de una actividad determinada dependiendo de las filias y de las fobias que te haya tocado vivir a lo largo del tiempo.

El yo es un toro bravo que reacciona ante cualquier trapo rojo que le pongas delante, por eso el yo se defiende, el yo ataca, el yo se agita, el yo se angustia, y todo para garantizar su propia continuidad. El yo es el gallo en un gallinero lleno de pensamientos y de sentimientos ilusorios. El yo es un artefacto que vive de conceptos condicionados como 'soy gay', 'soy hetero', 'soy trans',  o soy cualquiera de las mil modalidades (todas condicionadas) que tiene la vida en la forma.

El yo es una energía artificiosa que construye la mente pensante, una mente que aún no sabe que el mundo de los sentidos externos no tiene consistencia alguna. El yo se considera un objeto separado del Todo cuando lo real es que está íntimamente ligado al Todo. 

El yo está siempre instalado en la reacción en vez de en la escucha, y es que sin escucha no hay vida; la vida verdadera es una escucha que no tiene límites.

El yo es una defensa ante el miedo que da no ser nada ni nadie; te has ido construyendo un yo porque aún no has acertado a comprender la esencia de esta vida que te está viviendo. La verdadera identidad no consiste en ir cambiando de apariencia externa, la verdadera identidad, que es habitar en el Ser interno, hace que puedas escapar de la cárcel de las formas y vivir en la esencia de lo que eres.

Nunca hay libertad si te reconoces como un yo particular, la libertad viene cuando te reconoces como silencio, un silencio que hace nacer lo real, el nacimiento de lo real te hace ver todo como es y no como crees que es.

El yo psicológico está lleno de imágenes, sin embargo el yo profundo no juega ya con ninguna imagen, con ninguna proyección. Tú no eres ese cuerpo ni esos abalorios que te pones, no eres eso que te dijeron que eras, no has sido nunca libre para elegir nada, en realidad nunca elegiste ninguna cosa; la persona está siempre atada de pies y manos, no así su Ser interno.

Cuando el yo colapsa cesan todos los significados ocultos de lo que pasa y sólo queda eso que pasa, es decir lo que es. Lo que es no necesita de ninguna máscara.

El yo psicológico no puede realizar nunca ningún cambio, los auténticos cambios no suceden nunca a través de ningún proceso mental.

El Ser no tiene nunca nada que reivindicar, el Ser no tiene ni orgullo ni rabia ni pena ni tristeza, al Ser nunca le ha sucedido nada; el Ser interno camina siempre sobre las aguas de cualquier circunstancia.

Un fuerte abrazo.