Un proceso en tres fases



Nos pasamos muchos años intentando liberarnos de ALGO, quizás de una creencia, de un sistema de vida, de una ideología, de las injusticias… Nos podemos pasar también otro montón de años intentando liberarnos de ALGUIEN, quizás de una pareja con la que vivimos una estrecha relación, un jefe, un amigo, un familiar… sin darnos cuenta que de lo que se trataba era de liberarse de UNO MISMO. Liberarse de uno mismo es liberarse de todo lo que creíamos ser, da igual si nos dio por perseguir la riqueza material, el prestigio y la fama, o quizás el hecho de compararnos constantemente con los demás, por no hablar de la habitual identificación con el cuerpo y con la mente. La liberación significa liberarse de todo eso que pensábamos que era preciso llegar a hacer para ser alguien en la vida, liberarnos de cualquier proyección trazada por la mente, liberarse de la vida ilusoria, de la intelectualidad, así como de las banalidades del pensamiento mecánico. No te libras cuando intentas apartar lo que a ti llega de forma artificiosa, verdaderamente te libras cuando eres capaz de ‘ver’; ver es comprender, comprender es adentrarse ya en el camino firme de la sabiduría. 

Cuando nos liberamos de nosotros mismos aparece Eso que en verdad Somos.