Cataluña, el camino hacia un largo invierno


Nace esta crónica en medio de truenos y relámpagos, exactamente igual que está la atmósfera política estos días en España.

No sé si estaréis de acuerdo, pero todo lo relacionado con la supuesta independencia de Cataluña es una droga, una potente droga de efectos muy profundos, y es una droga que afecta por igual a los que la impulsan como a los que la rechazan.

Para muchos constitucionalistas es bastante fácil ahora hablar bien de España y mal de Cataluña, sin embargo es preciso ser muy cuidadosos y mirar tras la cortina mediática para ver qué es lo que está pasando. Ofreced siempre argumentos sólidos, y que esos argumentos sean respetuosos, nunca ha habido tanta chabacanería y tantos insultos como ahora mismo, la supuesta espiritualidad de algunos ha quedado en entredicho, especialmente en Cataluña donde los supuestos espirituales se han tirado directamente a la yugular a base de insultos barriobajeros.

El reciente simulacro de proclamación de la república catalana ha conseguido que todos tengamos el juicio muy a flor de piel, en dos meses de intensos debates las posiciones se han fijado tanto que es prácticamente imposible convencer a nadie de nada. No está mal no poder convencer a nadie de nada, de verdad que no está mal.

El viernes día 27 de octubre vi en televisión eso que se dijo que era la proclamación de la república catalana, un simulacro bufonesco sin parangón, a esa misma hora me conectaba por Skype con una sobrina que vive en el Reino Unido, allí en las islas británicas mi sobrina ha conocido a varios independentistas catalanes, uno de ellos le ha dicho hace unos días que Cataluña es claramente distinta al resto de regiones españolas porque tiene tradiciones muy antiguas, y mi sobrina, que es nacida en León, simplemente se ha echado a reír, como si en León no hubiera tradiciones antiguas. Jóvenes independentistas, no os quedéis petrificados mentalmente en vuestro pequeño pedazo de tierra, dejad de mediros el cráneo para ver si lo tenéis más grande que el vecino, no busquéis argumentos artificiales para inventaros una singularidad que es completamente falsa. Los catalanes no son una etnia, son tan sólo un territorio, solamente un 20% de los catalanes hunde sus raíces en la Cataluña ancestral y profunda, el 80% restante ha llegado a Cataluña en los últimos cincuenta años, esto quiere decir que la etnia catalana no existe ya que únicamente es la identificación con mensajes virtuales que se lanzan a través de los medios de comunicación aleccionadores, a fin de cuentas la independencia es pura palabrería, de hecho todo se dirime en las redes sociales.

Y ya que hablamos de tradiciones antiguas, en Cataluña se encuentran los castellets, esas torres humanas que se forman en las plazas de los pueblos de Cataluña, cuenta Albert Boadella en una conferencia del 2015 sobre el catalanismo, que el niño que remataba la cúspide solía ser un "charnego" al cual daban una propina por afrontar el riesgo de subirse a lo más alto; por lo visto hoy en día esa propina la recibe un magrebí, parece que 'los autóctonos' no se arriesgan a tener un accidente.

No han entendido aún los independentistas que la autodeterminación de una región, en este caso de Cataluña, es un golpe en la cara al resto de las regiones de España, es un golpe fuerte en la cara porque no hay ninguna región que sea más que otra, a ver si se entiende de una vez que no hay una región que pueda largarse y otras que tengan que quedarse. 

Hay regiones 'privilegiadas' que tienen su policía, su educación, sus ventajas fiscales, hay otras que tienen sus fueros, y hay otras regiones de España que no tienen prácticamente nada, así que este tongo ya no cuela, las nacionalidades históricas se están poniendo histéricas porque el resto de regiones está espabilando, y es que tanta falsedad tenía que tener un tope.

La autodeterminación consiste en pedir algo que sabes que no te lo van a dar, a partir de que te dicen que no te lo dan tú lo que haces es berrear y patalear porque no te lo han dado, eso es lo que estamos viendo y lo que vamos a seguir viendo durante mucho tiempo. Y es que aunque el 
independentismo se revista de izquierdismo internacionalista, es un proyecto claramente de derechas, un proyecto rancio, excluyente y xenófobo. La Generalitat lleva muchos años pagando a comisarios políticos disfrazados de periodistas y de profesores universitarios, al último que ha pagado es al desinformador Julian Assange.

La financiación internacional del separatismo catalán pone al descubierto que a las élites globalistas les interesa y mucho el "divide y vencerás".

Se tiene ya conocimiento de los millones de euros que se guardaban en el extranjero para pagar la independencia y que fueron detectados a mediados de septiembre.

Lo mismo que muchas parejas basan su convivencia en criticar a otros, dentro del independentismo catalán las conversaciones han consistido y consisten en criticar y ridiculizar a todo lo español, sin darse cuenta que con el paso de los años eso va creando un efecto muy curioso en el cerebro, y es que te cargas de odio hacia el país al que aún perteneces; en Cataluña se suele confundir el Estado español con el gobierno de España, el Estado español no es el gobierno de España; el gobierno del PP, un gobierno a todas luces corrupto, es completamente circunstancial, pero el que no es circunstancial es el Estado, y el Estado son los bancos y las empresas transnacionales que nos controlan a todos por igual. Si el partido Podemos hubiera estado en el poder en este momento, hubiera aplicado igualmente el 155 porque el Estado se lo hubiera exigido. 

El independentismo es populismo antiespañol, un populismo ignorante que no admite lo que es más que evidente, que todos los catalanes son españoles, ese independentismo dice ser lo que nunca ha sido, como aquella historia inventada de celebrar en 1988 los mil años de Cataluña (988-1988) cuando ahora se sabe que eso es una falsedad completa. Recomiendo leer esta carta de un independentista catalán que recuperó su españolidad cuando viajó a Méjico.

Aquí se puede ver a Carme Forcadell prometiendo que en la nueva república catalana todos los inmigrantes tendrán papeles.

¿Cómo es que Artur Mas desobedece al Tribunal Constitucional y obedece al Tribunal de Cuentas? El embajador en Madrid de la Generalitat, el señor Ferrán Mascarell, destituido hace unos días, dijo que va a denunciar su cese porque él no votó nada el pasado viernes día 27 de octubre, pero vamos a ver, si eres el delegado en Madrid de la nueva república catalana no puedes recurrir tu cese ante un Estado que ya no existe para ti. 

Los políticos son como los sacerdotes, te venden una esperanza que nunca acaba de llegar, los políticos catalanes independentistas han vendido humo y lo siguen vendiendo. El independentismo no es para nada un proceso de conciencia, es algo mental. Me he fijado bastante en estos últimos tiempos en Lluís Llach, sin duda un excelente cantante y compositor al que admiro, pero le veo tan aturdido y tan violentado ante unos hechos que no acepta porque echan por tierra su sueño de una nación libre e independiente, sin saber que la libertad nunca te la puede traer nadie ya que la libertad externa es siempre raquítica y limitada. En estos ocho minutos se pueden entender algunas cosas sobre la Cataluña actual.

Decía hace unos días un joven filósofo español que “Cataluña sólo será independiente si los españoles toleran esa independencia”, y de momento eso no sucede, lo que sucede es todo lo contrario, por estas tierras uno de cada cien te dirá que sí quiere la independencia de Cataluña, pero los otros noventa y nueve restantes te dirán que no, un no que no admite rectificación.

Ser español no es ser franquista, ser español es haberse quitado el complejo de culpa que pesa sobre todo lo español y que nace básicamente de vivirse como un genocida a causa del descubrimiento de América, una leyenda falsa que es preciso revisar, de hecho ya se está revisando.

Mientras continuamos con el lavado de cerebro de la independencia, así están las familias catalanas más pobres.


Si se repasa el 'timing' de estos últimos diez días se puede ver que muchas cosas estaban pactadas por unos y por otros, de otra forma es imposible entender lo que ha ocurrido, incluso los recientes encarcelamientos del parte del gobierno catalán, lo mismo que la huída de Puigdemont a Bélgica era también algo pactado. Estaba pactado bajo cuerda que el independentismo resultaría finalmente aplastado, de esa forma se convertiría en algo ‘aleccionador’ para otras regiones de España y de Europa que flirtean también con la autodeterminación. 

Independientemente de los resultados de las elecciones del 21 de diciembre, todo intento secesionista será desactivado, en realidad da igual quien gane esas elecciones, da igual si el independentismo se presenta como una lista única o van por separado; si vuelve a ganar el bloque independentista tendremos más de lo mismo, es decir un 155 amenazante o directamente aplicado, si gana el bloque constitucional vendrán cuatro años de silencio y de iras comprimidas o directamente manifestadas, todo indica que vamos camino de un invierno largo, muy largo.

Cataluña siempre fue admirada en el resto de España, admirada y querida, y ese sentimiento no va a cambiar para muchos de nosotros.

Es buen momento para ocuparse de lo que hay que ocuparse, la auténtica labor que hay que hacer no tiene que ver con ningún devaneo político ni con ninguna independencia. Lo que somos nunca nos puede enfrentar, lo que de verdad somos sólo nos puede unir pues unidos estamos ya, queramos o no queramos.