El cuerpo envoltorio y el cuerpo sutil


Hace unos días alguien me preguntó que por qué ya no publico cosas sobre alimentación como hacía antes. Bien, lo primero conviene hacer una aclaración. El alimento no es sólo lo que entra por la boca, alimento es lo que vemos, lo que oímos, lo que leemos, lo que tocamos, el alimento son muchas cosas, alimento es todo aquello que nos configura, es verdad que últimamente no publico cosas específicas sobre la alimentación que entra por la boca, pero es que eso que llamamos 'cuerpo' no es más que un denso envoltorio en el que se aloja un cuerpo mucho más sutil al que podemos llamar cuerpo energético o espiritual, creo que no es necesario dar tanta importancia a ese ‘cuerpo envoltorio’, sin embargo no hay que descuidarlo porque también es importante.

Cada vez hay más personas interesadas en cuidar su cuerpo, ese cuidado rebasa la simple cuestión estética, hay algo escondido en ese constante cuidado, es probable que 'presientan' que es ese cuerpo sutil o espiritual lo que ‘se esconde’ tras el cuerpo envoltorio. Al cuidar del cuerpo envoltorio están cuidando del cuerpo sutil, aunque no lo hagan de manera consciente. El cuerpo envoltorio es la forma que tiene el cuerpo sutil de mostrarse en este plano dimensional. Tu cuerpo envoltorio es la imagen de otro cuerpo que no se ve. El cuerpo envoltorio es un espejo donde ese otro cuerpo sutil se refleja. Lo que captan la cámara Kirlian y la cámara termográfica es 'la presencia' de ese cuerpo sutil.

Hace ya muchos años que nació en mí el interés por conocer porqué se rompió la estrecha relación que el ser humano tenía con el cuerpo, cómo fue que en un momento dado 'nos despojamos' de él, creo que eso ocurrió cuando el hombre llegó a la ciudad e inició una vida a espaldas de la naturaleza. La ciudad es el territorio de los brazos caídos, la ciudad es el territorio del mirón, del diletante, en la ciudad lo que ocurre es que literalmente te quedas sin cuerpo, incluso ir al gimnasio en la ciudad es como ir a comer a un restaurante donde la comida no te acaba de alimentar del todo, los músculos que se forman en el gimnasio tienen realmente poca utilidad, si acaso servirán para ascender en la escala narcisista. El exponente máximo de la vida en la ciudad es el intelectual, ese que tiene una gran cabeza pero al que se le ha olvidado que tiene cuerpo. La televisión te llena el cerebro pero te vacía el cuerpo, lo mismo el cine, el ordenador, el teléfono móvil, así como tantos y tantos estímulos visuales y auditivos de todo tipo; ahora la vida de la ciudad se ha extendido a todas partes, esa vida nos ha separado del cuerpo y el cuerpo clama por volver de nuevo a su origen. Si no tienes cuerpo no tienes alma. El cuerpo envoltorio es la tierra donde aparece la conciencia. Te sientas a meditar con el cuerpo envoltorio, sin embargo es el cuerpo sutil el que medita, haces el amor con el cuerpo envoltorio pero es el cuerpo sutil el que verdaderamente está conectando con los centros energéticos, cuando practicas yoga es el cuerpo sutil el que está operando en primer plano aunque a simple vista no lo parezca. “Tomad y comed porque esto es mi cuerpo”, seguro que las palabras de Jesús las comprendemos ahora mucho mejor pues ese cuerpo que se nos ofrece es el cuerpo sutil, no el cuerpo envoltorio de huesos y sangre.

Después de tantos años de escupir contra el cuerpo, toca ahora esculpir ese cuerpo, pero ya no por un asunto estético, ahora sabes que ese cuerpo envoltorio es la casa donde el cuerpo sutil habita, es ese cuerpo sutil el que permanece vivo tras la muerte del cuerpo envoltorio, esa es justamente la conciencia en la que habitamos, conciencia eterna que no ha nacido y que no morirá.

Me gusta este vídeo y lo que el viejo dice y hace, un mensaje inspirador para cuidar del cuerpo a cualquier edad.

Y este otro vídeo es de un vagabundo callejero que entrena en las calles de París, tiene detalles muy finos que conviene ver.




La imagen de arriba es de un derviche en una ceremonia en Siria. A través del movimiento del derviche se intuye el cuerpo sutil, los constantes giros del derviche dejan 'ver' ese otro cuerpo que intuimos en todo momento.