La percepción


¿Alguna vez nos hemos parado a ver cómo percibimos? ¿Tenemos una mínima noción de eso que llamamos ‘la realidad’? ¿Sabemos lo que es nuestro cuerpo? ¿Realmente nos pertenece ese cuerpo al que llamamos ‘nuestro cuerpo’?

Cuando el oído escucha algo en realidad está escuchando una vibración que luego el cerebro traduce en un sonido hasta llegar a decir: “Sí, es la voz de fulano, la reconozco”. El cerebro en primera instancia es un traductor. Cuando unas vibraciones son captadas por los nervios del cerebro, éste las convierte por ejemplo en una música o en el sonido de la lluvia, lo mismo sucede cuando el tacto dice “esto es suave” o “esto está áspero”, en realidad el cerebro está traduciendo unos estímulos que llegan ‘en bruto’ hasta convertirlos en algo que tenga una forma asimilable, pero el cerebro no es tan sólo un traductor sino que es también un creador. ¿Un creador de qué? El cerebro es el creador del cuerpo, sin el pensamiento no habría noticias del cuerpo, tu cuerpo existe porque el cerebro lo ha creado; por si esto fuera poco, mi cuerpo existe solamente para los demás, no existe para mí mismo; nuestro cuerpo no nos pertenece ni sabemos lo que es, nuestro cuerpo es un holograma que aparece ante los demás, sin embargo no aparece ante nosotros mismos, desde luego no en su totalidad ya que de nuestro cuerpo sólo vemos partes aisladas salvo que nos filmemos o fotografiemos todo el tiempo y todo el tiempo estemos revisando esas fotografías y esas filmaciones. “Pero es que yo siento mi cuerpo”, dirán algunos; lo que llamamos ‘sentir el cuerpo’ es solamente una traducción de estímulos parciales, nunca podemos sentir el cuerpo en su totalidad. 

En la muerte vemos el cuerpo de los demás, sin embargo en nuestra propia muerte no vemos nuestro cuerpo pues el ‘yo’ que lo observa desaparece. Cuando no hay un yo captando, el cuerpo no existe; cuando no hay un yo percibiendo, la realidad no se muestra. Si no hay nadie mirando, el mundo se borra. Por eso es tan importante comprender lo que es la percepción pues es así que comprendemos esta especie de ‘engaño’ llamada realidad, podríamos incluso decir que lo real es que no hay realidad puesto que esa realidad está creada por un 'yo' que la está proyectando todo el tiempo. No hay ningún objeto en ningún lugar que tenga vida independiente del todo, es decir que no hay ningún objeto en ningún lugar que tenga vida independiente de la totalidad de la vida; no hay ninguna percepción aislada captada por ningún individuo aislado, todo ocurre en un único plano de conciencia y no en los sentidos externos aislados y fraccionados de los individuos.

Entonces, ¿qué tipo de realidad es esta, acaso se trata de una realidad holográfica? Todo indica que esta realidad es holográfica puesto que el cerebro está obligado a traducir todo el tiempo lo que capta, es el propio cerebro al traducir el que crea eso que llamamos ‘la realidad’, por eso la realidad es distinta para cada uno porque cada uno tenemos diferente nivel de consciencia. La realidad es distinta para cada uno, no así lo real. La realidad es lo que pensamos que es, lo real es lo que es. Los pensamientos nos separan de lo real, lo real sería lo que es sin que el cerebro tenga que traducir nada. No vemos la vida tal como es, vemos la vida a través de los pensamientos que la captan y con los que nos identificamos. Nuestros sentidos externos ya no trabajan en su estado natural pues están 'eclipsados' por el pensamiento, es decir que ya no ves porque piensas mientras ves, ya no oyes porque piensas mientras oyes, ya no sientes el tacto porque piensas mientras tocas. Pensar te saca de la vida, pensando te has convertido curiosamente en un extraño para ti mismo. ¿Os imagináis que un león mientras caza estuviera pensando que sólo le quedan cincuenta euros en su cuenta corriente? Si tuviera que cazar con esa preocupación no cazaría y se moriría de hambre. Tus preocupaciones no te dejan ver la vida verdadera.

Lo real no hay forma de conocerlo, por eso podemos decir que hay una vida que va por debajo de todo lo visible y que es como un río escondido, un río ciertamente inaccesible para la mente. La vida que corre en paralelo como un río escondido no puede ser comprendida por la mente y por los pensamientos. Nunca ningún pensamiento resolvió nada sobre eso que a menudo llamamos 'el sentido de la vida'. La verdadera vida no la podemos conocer, tampoco comprender, la vida verdadera escapa siempre a la comprensión de la mente. La vida que habitualmente vivimos no es más que una sucesión de reacciones mentales, vivimos como guerreros que están preparados con su espada para lo siguiente que ha de venir, es decir reaccionando a todo, pero así es imposible vivir la vida que late por debajo de todo lo aparente. 

¿Alguna vez has observado cómo es tu percepción del futuro? Tú no te puedes preparar mentalmente para lo que viene porque lo que viene es desconocido, al prepararte mentalmente lo que haces es consumir toda la energía que tienes para vivir, vives pensando cómo vivirás mañana y eso es justamente lo que te impide vivir hoy, tienes todo hipotecado a lo que vendrá, pero lo que ha de venir nunca llega pues no es más que una proyección de tu propio pensamiento.

Por hoy lo dejamos aquí porque si seguimos se nos pueden chamuscar los cables. Querido amigo José Ramón, la explicación de hoy es para ti porque la habías pedido, no te asustes cuando compruebes que no existimos más que como un holograma, un holograma que efectivamente ‘no tiene ninguna consistencia’. Pero puedes consolarte, si no existimos más que como un holograma tampoco nos puede asustar ya nada, no te asustes cuando veas que no hay ninguna cosa, y si la hubiera no tendría la más mínima importancia.