¿Qué sentido tiene la vida?


A veces hablo con personas que al final de una conversación casi siempre acaban preguntando: “Entonces, ¿qué sentido tiene la vida?”. Yo les suelo decir: “No te hagas esa pregunta”, sin embargo no explico por qué les digo que no se hagan esa pregunta. Hoy voy a tratar de explicarlo.

Sólo te preguntarás por el sentido de la vida si te vives como algo que no es la vida, pero si te vives como la vida que eres, entonces no puedes preguntarte por el sentido de la vida porque es completamente redundante que algo que está vivo le pregunte a la vida, es como si el agua le preguntara algo al agua o el viento al viento, sólo los humanos no vemos lo que es tan evidente. ¿Os imagináis que el caballo de la foto anduviera preguntando por ahí cuál es el sentido de la vida? Yo me encuentro casi a diario con ese caballo y nunca le he escuchado hacer ninguna pregunta, salvo que me lo esté preguntando en forma de relincho y yo no me esté enterando.

Nunca nadie tiene ni tendrá respuesta para la pregunta sobre el sentido de la vida, esa pregunta no tiene respuesta. No hay otra vida más que la vida que es, no te puedes salir de la vida que eres para ver la vida que estás viviendo. No hay un sentido de la vida que tengas que investigar ni que indagar, no hay un sentido de la vida que nadie tenga que traerte, quien te podría traer el sentido de la vida es la vida misma, de hecho te lo trae sin que se lo preguntes y sin que te des cuenta. Lo que eres no admite preguntas porque no te puedes salir de lo que eres para verte desde afuera, o dicho de una manera más simple: la pregunta no se puede separar del que la hace. Como es del todo claro que eres vida, ya tienes en la mano todo el sentido. 

Lo que más nos cuesta aceptar a los humanos es que la vida no tenga propósito, se acepta antes una grave enfermedad o un serio revés antes que aceptar que la vida no tenga propósito. La vida no tiene ningún propósito porque la vida nos deja libres también del propósito, no quiere la vida añadir nada más a lo que ya es, las cosas no tienen un ultra sentido, las cosas son lo que son, por eso no hay que inventarse sentidos escondidos y significados profundos, no es necesario; nuestra mente está configurada para ver primero las causas y luego ver los efectos que producen esas causas, pero es que la vida no es una causa que produzca ningún efecto. Vivir no tiene causa.

Que la vida no tenga propósito quiere decir que la vida es preciso vivirla sin ninguna clave para poder desentrañarla, mientras la vives tienes que vivirla sin saber nada de nada. La vida es como el paisaje nevado de la fotografía, tú no vas a cambiar ese paisaje pues ahí seguirá ese bello animal, ahí seguirá la hierba tapada estos días por la espesa nieve; puedes meterte si quieres en ese paisaje y dejar también tus huellas, unas huellas que por cierto se borrarán cuando venga el viento o cuando caiga la noche y vuelva a nevar de nuevo; tú no dejas tus huellas en la vida ya que tus huellas no son tuyas, lo que crees que son tus huellas es la vida impersonal que impregna todas las cosas. Lo que llamas “tu vida” no es otra cosa que “la vida”, si lo vives de esa manera nunca perderás nada porque de antemano sabes ya que nada es tuyo. Todo es vida. Todo es la vida. Todo es de la vida.