El perro y el hueso


Quizás algunos conozcan la historia del perro y el hueso. Cuentan que un perro hambriento masticaba desesperado un hueso descarnado y seco, cuanto más masticaba más se dañaba las encías y más le sangraba la boca, el pobre perro imaginaba en su delirio de hambre que la sangre que saboreaba venía del hueso y no de su propio paladar. 

También nosotros somos como el perro hambriento que quiere hincarle el diente a la vida, pero el sabor que conseguimos captar no es aún el de la esencia sino que es únicamente el sabor de nuestro paladar herido y desgastado. Aún no sabemos a qué sabe la vida, se nos escapa el sabor real de este extraño vivir. No vemos lo que hay que ver, vemos sólo lo que queremos ver. No vivimos lo que la vida nos ofrece a causa de los conceptos acumulados en la mente, esos conceptos crean un velo entre las cosas y nosotros mismos, por eso cuantas más experiencias vivimos más nos separamos de la vida. No vivimos lo que hay que vivir porque mientras todo sucede estamos atestados de pensamientos. 

El hueso de la vida es áspero y seco porque aún no comprendemos la esencia de esa vida que olisqueamos pero de la cual aún no conocemos su entero sabor. Con algunos ejemplos lo entenderemos: esas fotos que hacemos con tanto entusiasmo se convierten inmediatamente en algo muerto, sin embargo seguimos mirando y admirando esas fotos como si allí estuviera la vida entera; esas palabras que escribimos las petrificamos y las matamos, de hecho todos los libros están muertos, todas las palabras son cadáveres; el arte es una mazmorra donde huele a carne pasada de fecha, y sin embargo los museos siguen llenándose de visitantes sonámbulos que sueñan sueños imposibles; todos miran la televisión como si fuera el dios de la abundancia, y la miran sin saber que eso que están viendo les está separando de lo que es; lo que lees te separa de la vida que está siendo, lo que ahora mismo estás viendo no es más que una proyección de todo eso que dices que sabes y que dices conocer, por eso la vida verdadera queda aún lejos, muy lejos. 

La vida completa entra en nosotros a través los sentidos si éstos no están bajo la influencia del pensamiento, esto no tiene nada que ver con fijar la atención, no intentes fijar la atención pues se trata de una cosa imposible que sólo te llevará a la neurosis. La vida plena se manifiesta a través de los sentidos si éstos se encuentran al cien por cien de su capacidad y sin la rémora del pensamiento, y no es que el pensamiento sea malo, el pensamiento simplemente es algo muerto, el pensamiento es un reino que se crea en paralelo al hecho de vivir.

El hombre se separó de la vida cuando comió de la manzana del pensamiento, por eso cuanto más conocimiento quiere acumular más ignorante se vuelve.