La perfección es un mito


No hay nada perfecto, no hay nadie perfecto. Tampoco existe la sociedad perfecta. 

“Pronto llegará el mesías y lo arreglará todo”, dicen algunos, pero el mesías no llega y las cosas van de mal en peor. “En breve habrá un reseteo del sistema monetario y la pobreza en el mundo se acabará”, dicen otros, pero el reseteo no aparece y la impaciencia comienza a hacerse evidente. “Fundemos la república y se acabarán todos los males”, gritan algunos, pero la república no llega y si llegase tampoco solucionaría nada. “Pronto tendremos el motor de agua y se acabará de una vez por todas la contaminación en la Tierra”, dicen otros, pero ese motor no llega y la contaminación va en aumento. “Cuando acabe de psicoanalizarme me conoceré a mí mismo y seré por fin dueño de mi destino”, he oído decir a veces; cuando acabes de psicoanalizarte estarás igual o peor que el día que comenzaste, además no te vas a conocer a ti mismo aunque vivas dos mil años y aunque seas el más erudito de la Tierra; nunca serás dueño de tu destino porque para empezar no hay destino. “Un día me tocará la lotería y podré ser feliz como siempre he soñado”, pero la lotería no te toca, y si por un casual te tocara tendrías un montón de problemas, algunos de esos problemas serían mayores aún que los que ahora tienes. 

¿No te has dado cuenta que estás esperando cosas que nunca llegan? 

La perfección es un mito, la perfección no existe, y esa cosa tan pedante que llaman ‘excelencia’ es la misma idea de perfección sólo que con otro nombre; también la idea de Dios nace de haber imaginado que tiene que haber algo o alguien perfecto que lo controla todo, pero eso es otro mito inventado. Ese Dios que lo controla todo es una idea, pero Dios no es una idea; si Dios es una idea es algo falso, algo que la mente ha creado a fuerza de echarle imaginación. Dios no tiene nombre. Dios no se llama Dios. Dios no se llama de ninguna manera. Dios ni siquiera sabe que es Dios. Dios es una vivencia interna que de ser cierta no podrás decir de ella ni una sola palabra.

La idea de perfección es la idea más violenta que hay, y es que esa idea disparata todas las situaciones. Observad esto: la mayoría de las parejas fracasan porque el uno ve que el otro no llega a ser tan perfecto como se lo había imaginado. 

Un mundo sin problemas y finalmente liberado es un cuento irrealizable. Pensamos que un día llegará un presidente de una nación poderosa para salvarnos de todos los males, pero eso no va a ocurrir, si acaso lo que puede ocurrir es que ese presidente tan poderoso nos someta a todos aún más.

La perfección es un mito porque la vida es un movimiento sin ninguna dirección, en la vida no hay ninguna meta, las metas solamente traen frustración y tristeza. Esta vida en tres dimensiones es la feria de la imperfección, somos trapecistas de un circo donde no se admiten los ensayos, aquí ha de salir siempre todo a la primera.

La espiritualidad propone también la liberación del individuo, por eso a través de esta espiritualidad de hoy en día te están lanzando todo el tiempo mensajes que pretenden llevarte hacia una perfección que no existe, la liberación y la perfección no llegan porque se trata de cuentos inventados, y es que esta espiritualidad de hoy en día es profundamente ignorante y superficial. No tienes que liberarte de nada.

Y no hablemos de la perfección física que tanto se fomenta en estos tiempos, esa perfección del cuerpo que está maniatando y confundiendo a millones de personas en todo el mundo; unos corren maratones, otros se desloman sobre la bicicleta, otros se pasan horas y horas en el gimnasio, y todo porque les han dicho que el cuerpo puede llegar a la perfección. Sí, el cuerpo es perfecto, pero sólo si lo dejas en paz, como el cuerpo esté gobernado por la mente se convertirá en un cuerpo esclavo y enfermo. Si te gusta el yoga practica yoga, si te gusta correr sal a correr, pero no te machaques y sobre todo no rompas el equilibrio natural del cuerpo. Cuanto más deporte practiques más se tensionará tu cuerpo, si eres joven no notarás aún esa tensión, pero a medida que cumplas años te darás cuenta de que lo que estabas haciendo era una actividad puramente narcisista, el narcisismo no es pasarse el día haciéndose selfies y subiéndolos a Facebook o a Instagram (que también), el narcisismo es dejar que la mente gobierne al cuerpo; el cuerpo tiene un funcionamiento natural que es una maravilla, es una maravilla siempre y cuando la mente no intervenga, pero cuando interviene la cabeza inmediatamente pone al cuerpo en un disparadero que lo acaba rompiendo en mil pedazos. La mente es espartana y dictatorial, todo lo contrario que el cuerpo que es siempre sereno y manso. Sereno y manso…pero no tonto.