Los pacifistas que hacen la guerra


No hay nadie no violento. Da igual que te declares pacifista, da igual que estés en contra de la guerra, da igual que te creas muy espiritual. Eres violento. No puedes ser no violento ya que nadie puede ir en contra de sus instintos. Ser pacifista es una idea que choca con algo muy real: eres violento, saliste ya así 'de fábrica'.

“Queremos trazar una nueva frontera, pero vamos a hacerlo sin violencia”, dicen algunos. Eso es falso, usarán la violencia para llevar a cabo su idea, y si no lo hacen al principio lo harán a medio camino o al final, pero lo harán. “Queremos defender nuestro territorio, pero lo haremos sin ninguna violencia”. Eso es falso también, usarán la fuerza para defenderla, no hay escapatoria. Si tienes un plan en la cabeza serás esclavizado por ese plan, da igual si ese plan es construir un nuevo país o defender el que ya tienes. El que se defiende a palos siempre dice que la violencia es únicamente defensiva; da igual si la violencia es defensiva o no es defensiva, la violencia va a estar presente siempre y en todo lugar. Muchas veces las palabras son infinitamente más violentas que los cañonazos.

El que quiere destruir las fronteras actúa igual que el que las defiende, el que se abraza a un tanque con una flor o con una cinta en la solapa es igual que el que conduce el tanque, la única diferencia es de qué lado va a salir en la foto. Los que agreden necesitan al ejército y a la policía para agredir, los que se defienden necesitan también del ejército y de la policía para defenderse. No hay forma de escapar de algo que viene ya predeterminado. Eres lo más parecido a un ordenador que cumple un programa.

La gente se inventa cualquier excusa para defender lo suyo: "No hay nada como mi país, mi país es lo más grande, me enseñaron a amarlo desde pequeño y no tengo ninguna duda de que estoy en el mejor país del mundo". "¿Y el país de al lado?", le pregunta alguien. "El país de al lado es una mierda, el que vale de verdad es el mío...¡es tan bonito!". Nadie quiere disparos, sin embargo todos estarían dispuestos a disparar si fuera necesario. Todos sueñan con vivir en paz en su bello país, pero esos sueños sólo se pueden llevar a cabo a través de la violencia. Siempre que luches por la paz caerás en las garras de la guerra, eso es así porque cuando el pensamiento quiere cambiar algo lo que hace es destruirlo, todo plan es destructivo ya que está diseñado por la mente; las metas que traza el pensamiento son metas imaginarias, cuando te imaginas una meta lo que haces es perseguir una idea, al perseguir una idea te pones siempre del lado de la sangre y de la guerra, una idea sólo se puede llevar adelante de esa manera. Una guerra de palabras es también una guerra.

Eres violento y siempre lo serás, toma nota de ello para que no te engañes más con la patraña del falso pacifismo. Los más violentos son los que se dicen no violentos y hacen campañas cursis a favor de una paz en la que no creen. Esos supuestos pacifistas lo único que están haciendo es proteger su forma de vida.

Todas las religiones fallaron a la hora de liberar al hombre de la violencia, también la espiritualidad de hoy en día está fallando estrepitosamente. Las religiones y la espiritualidad han fallado porque desconocen la intrahistoria que mueve al hombre, la verdad es que nunca se han molestado en conocerla.

Estas palabras son para los pacifistas que van a acabar haciendo la guerra, estas palabras son para los espirituales que aún no han comprendido que no hay escapatoria y que ellos son tan violentos como todo el mundo, aunque a menudo vayan disfrazados de un pacifismo falso y manipulador. Te crees distinto porque meditas o porque vas a reuniones donde la gente habla en voz baja, pero todo eso son decorados teatrales ya que el hecho es que eres igual de violento que todo el mundo. El asunto no es si llevas lazo en la solapa o no lo llevas, el asunto es ver cómo te hierven los pensamientos dentro de la cabeza, mientras esos pensamientos hierven dentro, tú sigues negando que eres violento, ¡cómo vas a ser violento tú que tienes por costumbre juntar las manos en plan namasté y bendecir  a todo lo que se pone por delante! No ha cambiado nada en la humanidad desde la noche de los tiempos y nada va a cambiar, la misma violencia de siempre, exactamente la misma, los disfraces van cambiando, sin embargo la violencia es la misma que la del primer día...si es que hubo un primer día.

Durante años has pensado que había algo en ti que te hacía diferente a los demás, pero ahora vas a descubrir que eso era falso. Eres igual de violento que todo el mundo. Durante años pensaste que eras muy especial, siempre te has creído tan refinado y tan espiritual, te veías a ti mismo tan distinguido que pensabas que ni siquiera formabas parte de este mundo, pero ahora vas a descubrir que eres como todo el mundo, ahora vas a ver que tienes colmillos y que puedes llegar a morder y a matar si es necesario. No conseguirás engañar a nadie con ese falso pacifismo, no te pongas disfraces espirituales, de ninguna manera vas a poder esconder esa fiera que llevas dentro. 

No te convertirás en un pacifista por ir vestido de blanco y por escuchar cien veces seguidas el "Imagine" de John Lennon, eres un animal que marca su territorio, ese es el programa que llevas dentro, esa es la intrahistoria, llevas el programa grabado a sangre y a fuego exactamente igual que lo lleva cualquier animal, y todo programa se cumple. Si tuvieras que matar para sobrevivir -por ejemplo si tuvieras que matar para comer porque tienes hambre- entonces el equilibrio natural no se rompería, pero desde el momento en el que hieres o matas por una idea, entonces ya no hay remedio, da igual que ataques o que te defiendas, da igual que lo hagas con palabras o a cañonazos, el equilibrio natural se ha roto ya y tú te acabas de subir a una embarcación que te lleva directamente hacia el desastre.