Algún ejemplo de cómo la mente desbarata al cuerpo



La mente y el cuerpo viven completamente separados, los dos forman un dúo irreconciliable, intentar juntarlos es como querer juntar el agua y el aceite.

Antes de nada conviene aclarar que la mente no es el cerebro, el cerebro es un órgano más del cuerpo. ¿Qué es entonces la mente? La mente es un ‘software’ que parece que se ha dado a sí mismo la tarea de controlar a la vida, pero es que la vida no se puede controlar, el intento por controlar la vida es un espejismo delirante de ese mecanismo llamado mente.

Este primer ejemplo de cómo la mente desarbola al cuerpo nació después de visitar con mi anciano padre a su médico de cabecera, como tuvimos que esperar hora y media para que nos recibiera, tomé papel y boli y me puse a escribir, salió de un tirón y sin ninguna tachadura: 

La mente quiere quitarse los miedos, se los quiere quitar porque ahora está muy de moda quitárselos, casi diríamos "arrancárselos", y se los quiere quitar o arrancar también porque forma parte de la pantomima espiritual y novelística de hoy día en la que todo el mundo repite hasta la saciedad que no se puede vivir con miedo, incluso hay algunos que dicen que curan y sanan el miedo de otros, algo que ya sabemos que es imposible. A ver si nos enteramos de una vez que no se puede vivir sin miedo. El que lea con atención estas líneas lo comprenderá. El cuerpo necesita del miedo para su supervivencia, el cuerpo ni sabe ni puede vivir sin miedo porque sin miedo su propia supervivencia quedaría comprometida, si el cuerpo elimina el miedo ancestral no sabrá cómo responder por ejemplo al pisar una serpiente, y es que al pisar una serpiente el cuerpo tiene que dar un salto para escapar corriendo. Es decir que por un lado la mente quiere quitarse los miedos, pero por otro el cuerpo ni puede ni quiere quitárselos porque son básicos para su supervivencia. Sin el miedo el cuerpo desaparecería. En el plano corporal siempre estamos bajo el influjo de esos miedos biológicos ancestrales completamente necesarios, sin embargo en el plano mental está la fantasía de la mente que imagina que se está desprendiendo de unos miedos de los que no se puede desprender porque son totalmente necesarios para la biología que nos constituye. Así que lo mejor que se puede hacer es dejar al miedo en paz. Deja al miedo tranquilo y vivirás tranquilo tú también. No teorices sobre el miedo porque esas teorías sobre el miedo no son más que elucubraciones mentales y pasatiempos culturales que no van a ninguna parte. 

Este otro ejemplo nació después de saber que un famoso maratoniano español había muerto por correr no sé cuántas maratones, por cierto que ese hombre era conocido de un amigo mío: 

Un corredor de maratones presume ante sus amigos de que cada nuevo maratón que corre (y ya ha corrido muchos) rebaja su propia marca personal, cada vez lo hace en menos tiempo, sus gestas salen ya en los periódicos, hay marcas deportivas que se lo están rifando para que ponga su logotipo en la camiseta, sin embargo a su cuerpo no le interesan nada esos records personales que va estableciendo; es decir que por un lado la mente intenta por todos los medios rebajar los tiempos para presumir y ganar estatus, pero por otro lado su cuerpo quiere mantener las funciones corporales básicas sin correr riesgos de ningún tipo. Resultado: un día este hombre se desmaya corriendo, sin embargo se recupera pronto y decide no hacer caso, a los pocos días muere en plena carrera. ¿A qué se debió su muerte? Pues casi seguro que la causa fue que la mente estaba dislocando y extorsionando al cuerpo, y el cuerpo no hizo otra cosa que cortar en seco toda esa fantasía que consistía en presumir delante de sus amigos de los records que iba batiendo. 

Este último ejemplo es el más sencillo y también el más delicado, lo escribí hace ya tiempo, está dedicado a todos los hombres y mujeres que aún meditan: 

El cuerpo es llevado por la mente a meditar, el cuerpo no necesita meditar pues el cuerpo no sabe de esas cosas; la mente obliga al cuerpo a tomar una postura física determinada para llevar a cabo esa meditación, postura que el cuerpo odia pero que no tiene otro remedio que aceptar, y es que la mente piensa que colocando al cuerpo en una determinada postura, o quizás obligándole a guardar silencio durante horas o días, podrá dar caza a esa cosa llamada Dios, cuando eso no es más que una fantasía inventada por la propia mente. La meditación rompe por lo general el equilibrio natural del cuerpo ya que la meditación no deja de ser una extravagancia que nos ha llegado a través de la cultura y de las tradiciones, la meditación es una consecuencia de haber aceptado sin rechistar a la autoridad religiosa. A través de la meditación se intenta controlar los pensamientos, algo imposible de conseguir. He visto durante muchos años a infinidad de cuerpos torturados a causa de la meditación, y he visto también que la idea que se persigue al meditar no es otra que la de alcanzar la iluminación, una idea obsesiva y dañina que pervierte todo lo que toca.

Vamos ya concluyendo, aunque en realidad no hay nada que concluir: 

Cualquier cosa que hacemos es producto del pensamiento, pero es que el cuerpo en su esencia no es pensamiento, el cuerpo es pura funcionalidad, la funcionalidad es vida que no se cuestiona nunca a sí misma ya que no tiene nada que cuestionar, no tiene nada que cuestionarse; cuando ya no hay preguntas las respuestas también sobran. 

Las vibraciones físicas que el cuerpo recibe pueden ser más intensas o menos intensas, sin embargo es muy curioso ver qué son para la mente esas vibraciones, y es que esas vibraciones son catalogadas por la mente como “buenas” o “malas”, “positivas” o “negativas”, es decir que el cuerpo no hace ninguna valoración, sin embargo para la mente todo son valoraciones de tipo moral, sentimental, etc. 

El cuerpo no necesita sacar ningún provecho de ninguna situación, sin embargo la mente lo que busca es sacar partido de todas las situaciones. Por regla general todo lo que plantea la mente es destructivo para el cuerpo. 

El cuerpo se ocupa perfectamente de sí mismo, y se ocupa de sí mismo al margen de lo que la mente opine. Esa es la guerra de la vida, ése es y no otro el verdadero campo de batalla.