Dentro de la carcasa de un robot ¿hay alguien?


Imaginemos que uno mata a otro estando borracho, está claro que jamás podrá acordarse de lo que pasó, tampoco podrá añadir ni quitar nada a eso que sucedió pues el alcohol le privaba de la consciencia necesaria, tampoco en el juicio podrá decir ni una palabra pues no se acuerda de nada. La pregunta entonces es: ¿quién estaba dentro de ese cuerpo cuando se cometió el crimen? Nadie, no estaba nadie, no había nadie. Y sin llegar a estar borrachos, ¿hay alguien dentro del cuerpo cuando hacemos algo o cuando dejamos de hacerlo? No hay nadie dentro, parece que hay alguien, pero no, no hay nadie. Dentro de la carcasa de un robot no hay nadie, la carcasa está vacía. A los humanos nos da pavor admitir esto, sin embargo admitirlo es el primero paso para saber sobre qué terreno pisamos. 

Existe la acción, pero no existe el actor. No hay ninguna identidad individual dentro de esta carcasa a la que llamamos cuerpo. Entonces, ¿qué es lo que hay dentro? Energía impersonal, esa energía impersonal es confundida a menudo con la aparente individualidad.

Ni en el placer ni en el dolor hay nadie haciendo nada. No hay un yo que comande nunca ninguna maniobra. Siempre y en todo momento estamos controlados genéticamente, hormonalmente, mentalmente, no es que estemos controlados a través de herramientas ultratecnológicas o a través de seres interdimensionales (que también eso es posible), pero lo que está claro es que estamos siempre controlados a través del propio auto diseño que nos constituye. 

No disponemos de ningún tipo de libertad, si acaso tenemos libertad para elegir la ropa que nos ponemos cada día, y ni siquiera eso. El robot cumple en todo momento con su programa. 

No hay causas. Si no hay causas tampoco hay consecuencias, cosa distinta es que juguemos con la convención de que sí que las hay, es en base a esa convención que se construye la sociedad, se hacen las leyes y no sé cuántas cosas más; la misma moral a la que a veces tanto acudimos es una convención, con este ejemplo se entenderá que la moral es una convención: yo vivo en un pueblo donde las cigüeñas son respetadas como algo sagrado, al lado de donde vivo hay varios nidos de cigüeña, si un día se me ocurriera matar a una de ellas habría cometido un vergonzoso crimen que jamás me podría quitar de encima, pero si yo viviera ochocientos kilómetros más abajo, por ejemplo en Marruecos, podría matar cigüeñas y comérmelas porque allí eso está bien visto.

Por si aún no ha quedado claro, el robot tiene una apariencia muy humana, pero se comporta como un robot. 

El debate público no ayuda a entender nada. Lo que dicen unos y lo que dicen otros es completamente irrelevante. Cuanto más encarnizado es el debate, más ignorancia se crea. La verdad no llega al final de un proceso, la verdad es instantánea y rompe siempre todos los esquemas.




Habiendo sido preguntado estos días de forma casi insistente por un asunto de actualidad, lo que acabáis de leer es la respuesta que nació sobre ese asunto. No estoy diciendo que no tenga que haber leyes y que los que cometan faltas no paguen por ellas, lo que estoy diciendo es que a veces hay que escarbar en las raíces y no mirar tanto a las copas de los árboles, después de escarbar con ahínco te levantarás con las rodillas doloridas y con las uñas llenas de tierra, lo que ha aparecido después de haber escarbado no es ninguna sorpresa, y desde luego nada de lo aparecido tiene que ver con esos cuentos periodísticos y con esa literatura sentimental expandida a través de la televisión y de las redes sociales.