Los verdaderos ateos




-Raul, ¿tú crees en Dios? 

-De entrada no te voy responder sí o no, dame la oportunidad de decir algo más ya que el sí o el no es para hacerme una foto y crear con esa foto un titular en tu cabeza. 

-¿Un titular en mi cabeza? 

- Sí, en realidad buscas una respuesta para encuadrarme dentro de una categoría. 

-¿Qué categoría? 

-Pues ver si soy creyente o no creyente. 

-¿Tan difícil es que me digas sí o no? 

-Sé que te gustaría, pero no te lo voy a decir. Escucha esto: los verdaderos ateos son los creyentes. 

-¿Cómo? 

-Los auténticos ateos son los creyentes ya que éstos creen en un Dios en el que es imposible creer, no se puede creer en ese Dios que no es más que una colección de historias tejidas por la tradición, es decir una colección de fabulaciones inventadas. 

-¿Y si en el Dios que alguien cree no es el Dios de la tradición? 

-Da lo mismo, creerá en alguna clase de concepto que se ajusta a la idea que se ha hecho de Dios. La creencia es siempre creencia, venga de donde venga. Y no me digas por favor eso de “es que tiene que haber algo”, no me lo digas. 

-¿Te gusta entonces el “si Dios quiere”? 

-Dios no quiere nada, somos nosotros los que nos inventamos que quiere algo. 

-Ufffffffff… 

-Llamamos Dios a cualquier cosa que la mente imagina. Dios es como una escupidera donde van a parar todas nuestras desgracias, a la vez Dios es como un altar lleno de flores donde también va a parar nuestras alegrías, cuando estamos tristes es Dios que no se ocupa de nosotros y entonces lo maldecimos, sin embargo cuando estamos alegres y nos va bien es todo gracias a ese Dios que ahora sí que ha decidido tenernos en cuenta, entonces lo bendecimos con ceremonias muy vistosas. 

-Entiendo que para ti eso no es Dios. 

-No, no lo es. Dios es un verso suelto de un poema imposible de definir y que se llama vida. 

-¿Qué piensas que es Dios para los humanos? 

-Dios es el resultado de la codicia del hombre, el hombre codicia dinero, coches, casas, mujeres, codicia el prestigio y la fama, Dios es el cúlmen de toda esa codicia ya que lo que pretende el hombre con Dios es asegurarse la vida eterna. 

-Total que no has contestado a mi pregunta. 

-Ni voy a contestar. No me dedico a tener a las mentes contentas.



Parte de una conversación, hace unos días.