Descartes descartado


Muchas veces damos por hecho frases que han marcado nuestra vida, hasta que un día las vemos con calma y en ese instante caen desmoronadas, y puede que no haya mejor ejemplo que esa rotunda sentencia de René Descartes que va a quedar desbaratada en un abrir y cerrar de ojos. Dice Descartes: “Pienso, luego existo”. Pero vamos a ver señor Descartes, es que yo no genero los pensamientos, yo solamente los sintonizo, los pensamientos vienen a mí, no nacen en mi cabeza, eso quiere decir que yo no pienso, por lo tanto no existo, o por lo menos no tengo forma de demostrar que existo; no hay un 'yo' que piense, no hay un 'yo' que haga nada, no hay espacio interior para que un 'yo' se dé, todos los pensamientos están en el ambiente y nosotros los captamos exactamente igual que respiramos el aire que está en la atmósfera; no pensamos los pensamientos, solamente los sintonizamos con esa antena a la que llamamos cerebro. El cerebro no crea nunca nada, el cerebro es tan sólo un receptáculo en el que se van alojando las cosas. No hay nadie que tenga ni una sola idea propia. No hay forma de justificar nuestra existencia, de hecho nadie sabe si está vivo o si está muerto, no hay forma humana de saberlo, cualquier teorema que inventemos para dar coherencia a todo esto sólo conseguirá inflar más el globo, así que tu frasecita querido Descartes está más que desmontada, por lo menos para mí. Y así con muchísimas cosas, tan sólo es necesaria una pequeña pausa para caer en la cuenta. Sí que te diría una cosa Descartes, además lo que te voy a decir da por completo la vuelta a tu famosa sentencia: "Existo, sobretodo si no pienso". Un médico me dirá que existo porque tengo latido cardíaco y onda cerebral, pero esa digamos que es la 'existencia funcional' del cuerpo, sin embargo el 'yo' que piensa que existe es el que en realidad no existe, no hay un 'yo' que pueda justificar ninguna existencia individual y particular, no hay un 'yo' que pueda decir que es portavoz de nada, el 'yo' no puede justificar que existe porque el 'yo' no puede situarse en un aparte de la vida, dentro del robot que somos no hay ningún yo, el 'yo' nunca sabrá que vive porque no puede observarse a sí mismo desde fuera viviendo, la vida es un movimiento unitario que no admite apéndices mentales o psicológicos como esa cosa a la que llamamos 'yo', el observador es lo observado, uno no puede separarse de lo que ve, tú y yo sencillamente no podemos saber si existimos, no tenemos ninguna herramienta que lo posibilite. ¿Habéis oído alguna vez a un perro decir 'pienso luego existo'? Un perro no puede decir eso porque un perro no tiene construído el artefacto del 'yo', ese artefacto le iría dando la tabarra todo el día como nos pasa a nosotros.

Es preciso negarlo todo. Negarlo todo es la tarea del hombre, pero no negar por negar para ser un negacionista recalcitrante, negarlo todo es no dar por hecho lo que nos ha llegado ‘empaquetado’ a través de la tradición. A menudo estamos tan obsesionados con sacar algo al que tenemos delante que olvidamos que la verdadera tarea es rechazar toda la basura mental que a diario nos ofrecen.

Un verdadero individuo es el que habiéndolo negado todo se ha quedado ya sin nada, pero no porque encuentre un placer escondido en quedarse sin nada, ocurre que el que va tras la senda de la coherencia total, tarde o temprano se quedará sin nada, se quedará sin ninguna teoría y sin ninguna cantinela con la que seguir enredándose a sí mismo y a los demás. Un verdadero individuo no es un triste ni un pesimista ni un apocalíptico, tampoco es un renegado ni un amargado; un verdadero individuo no destruye nada, un verdadero individuo no es ni siquiera un rebelde pues el rebelde es en realidad uno que se disfraza de esa manera porque espera conseguir algo a cambio, un verdadero individuo no quiere nada de nadie, un verdadero individuo no pretende hacer ninguna revolución porque sabe que una revolución no es más que destrucción. Un verdadero individuo no te promete nada hablándote del futuro pues sabe ya de sobra que el futuro está siempre fuera de nuestro alcance. Un verdadero individuo sabe que no hay ninguna permanencia en nada y que pretender la permanencia va contra la esencia misma de la vida.