Nadie puede ofrecer ninguna respuesta original



Toda la información que recibe el ser humano viene de fuera, por eso se puede decir que somos únicamente memoria, somos memoria mecanizada y automatizada. Eso que viene de fuera serían los programas que se han cargado en el computador que somos, pero esto la mente no quiere oírlo porque su estatus quedaría por los suelos, y es que la mente sufre esa extraña enfermedad que consiste en creerse 'autora' de todo lo que pasa. 

No hace mucho una persona me preguntó, ¿crees que algún día podremos disponer de una máquina para regresar al pasado? Ya disponemos de ella, esa máquina es la mente pues la mente está operando siempre en el pasado, y si hubiera una máquina para ir al futuro sería exactamente igual que la de ir al pasado, y es que todo futuro es pasado, al futuro iríamos tan sólo para revisar el pasado, iríamos para saber qué pasó con fulanito, cómo se resolvió finalmente aquella relación, en qué año murió menganito, en realidad al futuro iríamos a cotillear pues cotillear es lo único que podemos hacer ya que en esencia nadie decide nada.

La mente es un instrumento que recoge todo lo que le llega, lo mismo recoge lo más antiguo, es decir la memoria ancestral de la humanidad, que lo más reciente como puede ser lo último que viste en la televisión ayer antes de irte a la cama. La mente no hace más que sacar fuera lo que previamente le han metido. La mente es idéntica a un ordenador, ese ordenador trabaja siempre en automático pues sólo reproduce los datos que le han puesto dentro, por eso no hay nadie que tenga nunca una respuesta original, de hecho todo lo que hablamos y todo lo que pensamos lo hemos recogido de otras fuentes, otra cosa es cómo vamos combinando eso que hemos ido recogiendo y cómo lo presentamos ‘en sociedad’, pero dando siempre por hecho que no hay nada que provenga de nosotros, por eso no hay nadie con una respuesta propia, no hay nadie nunca con un discurso verdaderamente original. Pensamos que hay gente que tiene respuestas propias pero eso es porque les hemos otorgado un poder o una prestigio determinados. 

Nos cuesta mucho a los humanos reconocer que nunca nadie puede ofrecer una respuesta original, nos cuesta mucho reconocerlo porque siempre nos han dicho que somos mucho más de lo que somos, la historia de la humanidad es el intento continuado por parte de la mente de intentar ser más de lo que es. Un ordenador trabaja siempre en automático, la mente trabaja también de esa manera, es decir que trabaja en relación a los datos que ha ido acumulando, por eso nadie puede hablar de nada que no le haya sido puesto dentro. 

No hacemos más que repetir lo que otros han dicho, esa es la verdadera historia del ser humano, de ahí el extraordinario éxito de las redes sociales pues éstas se basan en la pura repetición de contenidos. 

La mente no hace otra cosa que responder a las situaciones de forma mecánica, la respuesta o las respuestas están directamente relacionadas con los programas que hayan sido cargados en ese cerebro. El cerebro busca respuestas en automático, pero no hay nadie dentro que dirija esas respuestas. 

Me hace gracia cuando escucho decir a los científicos que en el futuro habrá ordenadores que tendrán ‘las mismas prestaciones’ que el cerebro humano, cuando el cerebro humano no es otra cosa que un ordenador, un ordenador que va incrustado en un robot de carne y hueso que somos nosotros, y encima el robot se cree muy importante, sin duda otro fallo más 'de programación'. 

Para el humano es muy fácil trabajar con ordenadores porque nosotros mismos somos un ordenador, eso que se dice ahora de que los jóvenes actuales vienen ya preparados para manejar la informática… eso es así porque cada vez se ve con más claridad que somos un robot que funciona con bases programadas, en los jóvenes de ahora es muy evidente. ¿Y antes por qué no era tan evidente? No era tan evidente porque el ordenador que somos estaba 'camuflado' debido a la apariencia antigua que arrastrábamos, antes los pensamientos iban más lentos y no eran tan refinados, ahora los pensamientos se han vuelto muy veloces y son mucho más refinados, por eso ahora es tan difícil hablar de algo con alguien que se sienta medianamente instruido, es tan difícil hablar porque creer que se sabe algo es el mayor de los obstáculos. 

Quien capte el mensaje de fondo de este apunte rápidamente lo llevará al terreno práctico, cuando por ejemplo os enfadéis con una persona porque ha tomado una determinada decisión, veréis que tomó esa decisión en automático, es decir que la tomó en base a los programas que tenía dentro, vamos que no podía hacer algo distinto a lo que hizo, no tenía otra escapatoria que 'decidir' eso que decidió, nadie puede dejar de hacer lo que hace, estamos abocados a hacer lo que hacemos porque la programación que llevamos dentro nos lleva inviariablemente a eso; y yendo un poco más allá veréis que en ese robot al que llamáis persona…¡¡¡No hay nadie dentro!!! Cuando te enfadas con alguien en realidad te estás enfadando con nadie. ¿Lo vas entendiendo? Suelta una sonora carcajada cuando sigas oyendo decir que tenemos libre albedrío.

Es muy posible que estemos atravesados por una energía inteligente completamente impersonal, el secreto de esa energía es que no puede ser poseída por nadie.

Me resulta muy curioso cuando algún psicólogo se quiere poner a descifrar a través del lenguaje gestual qué fue lo que al paciente que tiene delante le pudo marcar en su infancia, cuando el psicólogo le dice al paciente que ese gesto que ha hecho quiere decir no sé qué cosa, en realidad no le está sacando de la ignorancia, le está sumiendo en una ignorancia mucho mayor, después de esa sesión el paciente se irá a su casa completamente ignorante, e ignorante se quedará el psicólogo por más que crea que desvela los misterios y por más que crea que sabe. Nadie sabemos nada. Todos somos unos perfectos analfabetos. Como nadie tiene el coraje de enfrentarse al hecho de que no sabemos nada, todos son invenciones para seguir viviendo, inventamos cuentos, inventamos comedias y tragedias, inventamos santos, inventamos cielos en el más allá, inventamos que somos no sé qué cosa, inventamos que podemos sanar a otros y a sus familias, inventamos que rezando podemos sacar a las almas del infierno, inventamos incluso que es posible mirar la vida sin el condicionamiento. Inventamos la de Dios, inventamos a Dios, inventamos sin darnos cuenta de que se trata de puras y simples invenciones; inventamos porque la vida nos da un miedo aterrador, todos los miedos se centran en el pánico que le tenemos a la muerte física, en realidad tenemos miedo de algo que no existe más que en nuestra imaginación pues la muerte es algo que la mente imagina, y es que el cuerpo no sabe que va a morir, es la mente la que imagina no sé qué cosas con la muerte, sin embargo el cuerpo sigue bombeando sangre porque esa es su tarea. El cuerpo no tiene ningún problema con la muerte, es nuestra mente la que se llena de miedos "imaginarios".




La foto de este apunte corresponde a un fotograma de "2001 una odisea en el espacio" de Stanley Kubrick, una imagen muy aproximada de lo que seguramente somos, es decir ese robot-astronauta con apariencia biológica que navega a través de una celda programada o cuando menos pre programada. Una amiga explica muy bien esta misma idea y además lo hace con mucho humor. Me ha dicho esta amiga en más de una ocasión: "Háblame ahora que estoy dentro de los cuatro días buenos de cada mes", se refiere a que el día 28 viene invariablemente la regla, ahí hay ya varios días de incomodidad física y también psicológica, a los pocos días viene el ciclo pre ovulatorio, luego viene la ovulación y a los pocos días la pre menstruación y vuelta de nuevo con la menstruación, total que efectivamente quedan tan sólo cuatro días libres, y eso siendo muy optimistas. Y en el hombre pasa exactamente lo mismo, sólo que es menos aparente. ¿Y todavía te atreves a asegurar que eres libre? Parece muy claro que la única libertad es la de ver que no hay libertad por ninguna parte.