Breve cuento futurista

 


No formaban un grupo numeroso, eran pocos pero lo tenían muy claro, se llamaban a sí mismos "los resistentes", llevaban ya más de dos años viviendo de esa manera, en el grupo había gente de todas las edades. Los resistentes se definían como "entes dispuestos a resistir en medio de grandes dificultades". Tenían claro que jamás se pondrían una vacuna que además llevaba un chip; habían decidido abandonar el sistema después de que éste violara todas las leyes constitucionales de forma sistemática y después de ver que la mayor parte de la gente decidió aceptar las nuevas normas absurdas y esclavizantes. Los resistentes habían decidido salir de la cárcel mental a la que les sometían las autoridades, cuando finalmente salieron vieron que era mucho más fácil de lo que imaginaban, simplemente se fueron al campo a vivir, allí en tierras de nadie comprendieron en pocos días que la educación que habían recibido no les había enseñado lo fundamental: sobrevivir. Los resistentes comían de todo aunque la mayoría eran veganos, amaban la naturaleza y los poblados donde vivían estaban cerca de las montañas y lejos de la contaminación electromagnética de las ciudades; los resistentes llamaban a las ciudades "el humilladero". Hacían reuniones en los valles al lado de los ríos, algunas veces se reunían también junto al mar en playas recónditas. En sus poblados siempre se escuchaba cantar. Entre ellos se saludaban sin miedo dándose besos y abrazos, muchos habían abandonado ya el teléfono móvil aunque no los ordenadores, nadie realizaba trabajos convencionales, cuando iban a los supermercados pagaban siempre con dinero en metálico, conseguían entrar en los centros comerciales porque alguno llevaba el pasaporte de vacunación aunque en realidad no estaban vacunados, habían conseguido burlar las leyes a base de ingenio e imaginación, los días que iban a comprar tenían que disfrazarse de ciudadanos normales, era una fiesta disfrazar al que iba a la compra con los ropajes de la vida anterior, solamente esos días usaban el coche que compartían entre todos. No hacían uso de la hostelería ni del ocio, no pisaban los bares, además en todos esos sitios no les solían dejar entrar porque no estaban en los bancos de datos de la inteligencia artificial que todo lo gobernaba. Habían renunciado a la sanidad del sistema, se trataban con remedios sencillos y muy efectivos, nunca enfermaban de gravedad. La mayoría meditaban, los que no meditaban sabían cómo indagar interiormente para conocer la vida en profundidad. Muchos confeccionaban su propia ropa. Los que vivían en el humilladero los veían como involucionados, sin embargo su modo de vida era futurista pues el futuro no traerá más tecnología esclavizante, el futuro estará marcado por el regreso a la naturaleza para vivir una vida sencilla con una tecnología adaptada a las necesidades. Los lujos allí no eran necesarios, nadie tenía su vida basada en las apariencias, se ayudaban unos a otros a cualquier hora del día, hacían muchos trabajos comunales precisamente porque la ayuda nacía de forma espontánea. Los niños eran educados por las madres y por los padres. La alegría era constante en sus preciosas y humildes casas bioclimáticas, en la puerta de entrada de alguna de ellas se podía leer "no somos esclavos de nadie", en otras aparecía un letrero que decía "seréis perseguidos en mi nombre". Sus huertos eran bellos jardines que producían al menos dos cosechas al año. Cada vez que los agentes del Nuevo Orden Mundial intentaban detenerlos con argumentos ridículos, ellos declaraban solemnemente el “no consiento” y los agentes tenían que retirarse de inmediato porque la ley natural que conocían y que practicaban estaba a su favor. La clave de los resistentes es que no tenían miedo, no obstante se mostraban siempre respetuosos con la tierra, con los animales, con las plantas y con el resto de seres humanos. ¿De dónde sacaban la fuerza para vivir de esa manera? De saber que cuando hay sintonía todos los corazones funcionan como uno solo. Los vacunados pensaban de estos no vacunados que eran unos parias, los resistentes pensaban que los vacunados eran víctimas, de hecho la mayoría de los vacunados había enfermado al recibir las sucesivas dosis, también muchos habían muerto. ¿Por qué los resistentes decidieron vivir de esa manera? Lo decidieron cuando se dieron cuenta de que si ellos caían los agentes del Nuevo Orden Mundial someterían a todos a la esclavitud total.